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"ENSEÑANDO EL VALOR DEL PERDÓN EN NUESTRA VIDA COTIDIANA"
por Sara Torres
Miami, 4 de febrero del 2004
Dicen por ahí que los niños aprenden más por nuestro ejemplo que por
aquello que les decimos. Son nuestros gestos y nuestras actitudes frente a
la vida diaria las que le muestran al niño aquello que valoramos y aquello
en lo que creemos. Hace unos días tuve que volver a hacer realidad en mi
vida algo que yo valoro y en lo que creo firmemente y que no es fácil para
mí: El perdón.
Era un día viernes, y mi hija Gabriela de ocho años no tenía clases,
pero se levantó como todos los días a desayunar. Despues del desayuno, le
ordené que se bañara y vistiera para que me acompañara a la misa. Sin
embargo, cuando salí de mi habitación con el tiempo justo para salir, la
encontré todavía en pijamas. Perdí los estribos, y le vociferé: "¡¿Porqué
me has desobedecido?!" Además de cuestionar su desobediencia a mi
autoridad, le grité muy enojada: "Te mandé al baño y no estás vestida. Yo
no pienso dejar de ir a misa, asi que te quedas sola y más te vale que
cuando regrese estés lista".
Realmente no se que me pasó. Iba furiosa conduciendo hacia la iglesia,
pero aquel acto piadoso no encajaba con mis emociones. Mientras esperaba
sentada y en silencio el comienzo de la misa, me di cuenta que tenía el
corazón acelerado y la cara ardiendo por la ira. Ahí entonces me habló
fuerte la voz del Espíritu Santo con las palabras de Jesús: "Yo les digo
más: cualquiera que se enoje contra su hermano comete un delito,[…] Por
eso, cuando presentes una ofrenda al altar, si recuerdas allí que tu
hermano tiene alguna queja en contra tuya, deja ahí tu ofrenda ante el
altar, anda primero a hacer las paces con tu hermano y entonces vuelve a
presentarla"(Mateo 5: 23-24).
Dudé por un instante sobre la acción que debería tomar en ese momento.
Cuando dudé, la lectura de dos días atrás volvió a amonestarme: "¿Crees tú
que al Señor le agradan más los holocaustos y los sacrificios que la
obediencia a sus palabras? La obediencia vale más que el sacrificio, y la
docilidad, más que la grasa de los carneros" (I Samuel 15: 22-23). Salté
del asiento y literalmente salí corriendo del templo en busca de mi hija.
Lloraba arrepentida de mi ceguera y me sentía avergonzada por las palabras
del Señor. La ofensa de mi hija era la misma mía: desobediencia. El regalo
constante de Dios para conmigo seguía siendo su PERDÓN. Ahora me
correspondía a mí obedecer su Palabra y pedirle perdón a mi hija por
haberle gritado y por haberme enojado tanto.
La tentación no se hizo esperar y vino fuerte en forma de pensamientos
ametralladores: "Tu hija está muy pequeña". "Vas a perder su respeto si le
pides perdón". "Estás exagerando". "No dejas de ser una escrupulosa en
estas cosas espirituales". "¿Crees que reconociendo esto te vas a ganar el
cielo?" Sin embargo, no les hice caso. Seguí la voz de Dios y la de mi
corazón que se había sincronizado con el de mi hija. Sentí su tristeza
delante de mi enojo y mi inesperado abandono. Sentí en carne propia su
dolor ante la falta de mi perdón. Llegué corriendo a buscar su abrazo. Con
lágrimas le pedí perdón y le expliqué que a Dios Padre no le había gustado
mi enojo y que él me había mandado a pedirle perdón. Mi hija, llorando
también, me pidió perdón por haberme desobedecido. Le ayudé a vestirse y
regresamos a la iglesia para felizmente estar en comunión con El, estando
en verdadera comunión de amor la una con la otra.
Se que debo tener paciencia con mi hija asi como me la tiene a mí mi
Padre Celestial. Espero que cuando sea grande recuerde con claridad que el
amor nos lleva a la obeciencia, pero sobre todo, espero que crea que el
Amor de Dios se vive día a día en el PERDÓN. Es bueno recordar de vez en
cuando que una fe viva se transmite mejor a nuestros hijos apoyando las
palabras con las acciones. ¿Y qué mejor que amar perdonando? ¡Así sea!
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"Iba furiosa conduciendo hacia la iglesia,
pero aquel acto piadoso no encajaba con mis emociones. Mientras esperaba
sentada y en silencio el comienzo de la misa, me di cuenta que tenía el
corazón acelerado y la cara ardiendo por la ira."
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Nos vemos en la Eucaristía
(Single)
 
¡Adquiéralo ya!

1. AMOR INCOMPRENSIBLE
2. ¿DóNDE ESTáS?
 3. ALABA ALMA MÍA
4. SOLO CONFÍO
5. NUEVA VIDA
6. OTRA VEZ
 7. EL VIVE HOY
8. YO TE ALABO
9. 63
10. ¿HASTA CUANDO?
11. WHERE ARE YOU?
12. OTRA VEZ (Inst.)

1. MARÍA
 2. TE NECESITO
3. FRIENDS FOREVER
4. TENTACIÓN
 5. 139
6. ¿CÓMO OLVIDAR?
7. AHORA QUE ERES JOVEN
8. ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA?
9. ESTABA PENSANDO EN TÍ
 10. 139TH
11. PERDÓNAME
12. DÍA ESPECIAL
13. YO TE ALABO
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