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"La pasión de Cristo:
Signo de contradicción"

Artículo sobre la película de Mel Gibson
por Sara Torres
 

Escuche la canción
"Pensando en Ti"

tema escrito por Sara inspirada en la meditación de la Pasión de Cristo.

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6 de marzo del 2004

Intensa, extrema, dolorosa, sangrienta, brutal, incomprensible, una locura total es La Pasión de Cristo, película producida por el reconocido cineasta Mel Gibson y que ha causado gran sorpresa en Estados Unidos de América por su gran éxito de taquilla a pesar de los constantes embates de los medios de comunicación seculares en general que especulan sobre su contenido anti-semita. Por su violencia gráfica y detallada, no es una película apta para menores de 13 años y debe ser vista en compañía adulta por los adolescentes entre los 14 y los 18 años.
 
¿Qué tiene esta película que nos atrae tanto? [arriba]
 
Simplemente me atrevo a opinar que en primer lugar es el relato de la acción más extrema e importante del hombre más famoso e influyente de la historia de la humanidad y que además contiene todos los elementos físicos, literarios, cinematográficos, y espirituales que estremecen las emociones humanas. Estoy convencida que es por esa razón que conecta vívidamente con todos nosotros los espectadores, independientemente de nuestros niveles de fe y hasta de nuestras creencias religiosas.
 
Yo he experimentado esta película con todo mi ser a todos los niveles: carnal, intelectual, y espiritual y desde una fe católica sólida. Quiero compartir con todos mis amigos latinoamericanos, y sobre todo con mis compatriotas nicaragüenses, esta experiencia religiosa que representa para mí La Pasión de Cristo; es mi mayor objetivo animarles a que vayan a ver esta película preparados y con el corazón y mente bien abiertos.

 
Primer nivel: Curiosidad carnal o morbo por la violencia [arriba]
 
En el primer nivel, yo diría que atrae una inmensa curiosidad y necesidad de comprobar si la violencia grotesca de la que tanto se habla en esta película es verdad. Esta curiosidad extrema, casi morbo común por lo dantesco habita en esa parte inexorable y oscura de nuestro ser humano instintivo y carnal. Esta tendencia ha existido desde que el hombre es hombre. Esta inclinación es la que hizo de la crucifixión romana un espectáculo atrayente de las masas por muy horrendo que ésta fuese entre muchas otras formas de tortura y ejecución que han existido en la historia.
 
Hoy en día este mismo instinto nuestro es el que hace que se produzcan programas televisivos con videos extremos, noticieros escandalosos y alarmantes, espectáculos degradantes, revistas y periódicos con noticias y fotografías horripilantes, juegos de videos que minimizan el valor de la vida ya que el objetivo es casi siempre realizar una masacre virtual y gana el que más “personas” mata, y muchas otras cosas más que son aceptables en nuestra cultura.
 

Cuestionando las motivaciones de Mel Gibson [arriba]
 
Muchas personas, incluyendo cristianas practicantes, me han preguntado porqué creo yo que Mel Gibson trajo ese “espectáculo romano” tan desagradable a nuestros tiempos al hacer un filme tan detallado del suplicio de Cristo.
 
Estas personas bien intencionadas creen que a Mel Gibson se le pasó la mano. Como católica, quien encontró su conversión en la meditación profunda de la pasión de Cristo, pienso que la película honra a cabalidad el sacrificio de Jesús por toda la humanidad. A muchos no nos gusta ver la “realidad” de este sacrificio humano y divino porque nos interpela y nos cuestiona la vida entera. Muchas personas en los medios han cuestionado las motivaciones de Mel Gibson y mucho se ha traído a colación su supuesto catolicismo “tradicionalista” y “separatista”, sobre si se somete a Vaticano II o no.
 
También, en el corazón de la gran controversia se han cuestionado si su filme es anti-semita. Por lo tanto, para librarnos de toda duda, he buscado en ACI Prensa y he encontrado un artículo que explica esta situación y es titulado: “Organizaciones judía difamadoras no tendrán acceso a ‘La Pasión’, anuncia vocero de icon” y que fue publicado desde Los Ángeles, California el 4 de agosto del 2003.
 
He descubierto que efectivamente esta especulación es parte de la campaña difamatoria de la Liga Antidifamación (LAD) y del Centro Simon Wiesenthal, dos organizaciones judías “que han acusado formalmente a Gibson y a su película de ‘promover el antisemitismo’, señalando como justificación de la acusación las supuestas tendencias ‘tradicionalistas’ de Gibson”.
 
Ha estas dos mentiras añadieron que Gibson está construyendo su propia iglesia. Eso también me extrañó mucho y gracias a Dios encontré la aclaración en el mismo artículo:
 
“La verdad, según ha explicado Lauer [vocero de la productora Icon], es que Mel Gibson ha financiado la construcción de una capilla católica –con permiso de la Arquidiócesis de Los Ángeles- con un altar ‘ad orientem’, para celebrar las misas en latín autorizadas por la Santa Sede, y que Mel Gibson prefiere, como alguna vez lo ha indicado “las Misas de mi infancia”.
 
Si quieres leer el artículo completo puedes ir al siguiente enlace de ACI Prensa: (http://www.aciprensa.com/archivo.php?fecha=2003-08-04)
 
 Si el mismo Santo Padre Pío de Pietrelcina pidió una dispensa al Papa Pablo VI para que éste le permitiera ejercer la misa en latín y la obtuvo sin ningún problema (Chiron, 345-46), ¿porqué va a ser problema ahora? Hay personas que se sienten más cerca de Dios con la misa Tridentina.
 
Por último, y para colmo, se quisieron meter hasta con su padre por unos supuestos comentarios que éste hiciera sobre el holocausto judío. A mí, en particular, esto último me parece insólito ya que mi propio padre no profesa mi fe y más bien critica fuertemente a la iglesia Católica cada vez que tiene una oportunidad, y el pobre tiene que soportar a ésta su hija que anda evangelizando con su música inspirada en el amor de Cristo, muy en contra de su voluntad. ¿Puede acaso alguien juzgarme a mí por las acciones de mi padre? ¡Por supuesto que no!¿He dejado de amar a mi padre por eso? No. ¿Me ha dejado de amar él a mí? Yo estoy convencida que no aunque no me lo demuestre como yo quisiera. No cabe duda que los medios han buscado muchas manera de quitar credibilidad a Mel Gibson cuestionando su vida, su familia, sus creencias, y sus motivaciones en la realización de esta película.
 
Sin embargo, pienso yo que nadie cuestionó tan fuertemente las motivaciones de el director y productor Steven Speilberg cuando realizó La Lista de Schlinder (Schlinder’s List, 1994) y Salvando al Soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998). Estas son películas basadas sobre hechos reales que están frescos en la memoria colectiva de quienes lo vivieron directa o indirectamente—La primera película es sobre el holocausto judío y la otra sobre la invasión Americana en territorio francés llamada “D-Day” (Día D).
 
La violencia gráfica y detallada en este tipo de películas es usualmente elogiada y descrita como una película “asombrosamente realista”. Ninguna de estas dos películas tiene reservas en mostrar los horrores realizados por los Nazis en los campos de concentración o en el ataque del “Dia D”. Como ejemplo, en la última mencionada, los espectadores contemplamos en su inicio una masacre infernal, donde los cuerpos son acribillados, despedazados, y desmembrados sin piedad alguna; vemos como la sangre salpica todo, incluyendo en varias ocasiones el lente de cámara; además, el productor Steven Spielberg hace tomas en cámara lenta—un efecto que francamente no es realista porque los eventos que vivimos o presenciamos no suceden en cámara lenta, pero de alguna manera es un efecto cinematográfico muy eficaz que “aumenta” el realismo subjetivo de un filme. Ciertamente, Spielberg usa la cámara lenta para que no nos perdamos un sólo detalle del sangriento terror de una guerra. Saving Private Ryan nos dejó a todos sumidos en un estado profundo de choque, similar al que se vive viendo La Pasión de Cristo. Sin embargo, fue un filme muy elogiado.

 
¿Puede haber sanación en el recuerdo de un acto violento? [arriba]
 
Muchas personas que han vivido estos eventos u otros similares tales como la guerra de Vietnam, el ataque de Pearl Harbor, Hiroshima, la guerra civil Española, etc. dicen encontrar sanación al ver estas cintas. Muchos dijeron que ver la realidad plasmada en el filme les había ayudado a enfrentar su pasado de una vez por todas y sanar tan duros recuerdos.
 
Nosotros los nicaragüenses que hemos vivido una cruenta guerra civil (1978-79) hemos experimentado una catarsis o purificación cada vez que vemos una película sobre guerra, que leemos sobre ella, o que hablamos y recordamos los hechos que vivimos. Otros somos la memoria de los que no recuerdan. Algunos guardan todo en silencio. Otros lloramos y luego nos sentimos un poco más aliviados.
 
Entonces me pregunto: ¿Qué puede hacer que la La Pasión de Cristo nos escandalice tanto? ¿Acaso y con mucha más razón no puede también ayudarnos a sanar heridas? ¿No estaremos actuando hipócritamente cuando simplemente criticamos la violencia gráfica del filme? Es más fácil refugiarnos en la crítica que descubrir el don de amor que Dios nos quiere dar.
 
Yo recuerdo que mucho de mi proceso de sanación emocional comenzó con el revivir las heridas de mi pasado de manera visceral en un retiro de silencio, haciendo la oración encarnada al estilo de San Ignacio de Loyola. La oración Ignaciana nos invita a entrar en los pasajes Bíblicos con todos nuestros cinco sentidos y la imaginación activa. Es un modo de oración muy eficaz para invitar al Jesús a venir a sanarnos en cada encuentro.
 
Yo realmente espero que esta curiosidad instintiva de la que hablo nos lleve a ver La Pasión de Cristo para encontrar en ella sanación interior talvez inesperada. Después de todo, la película hace hincapié en esta realidad. Su autor lo pone en claro al empezar la película con las palabras del profeta Isaías que yo extiendo aquí para mi querida audiencia:
 
“Despreciado y tenido como la basura de los hombres, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, estaba despreciado y no hemos hecho caso de él. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban y nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado. Fue tratado como culpable a causa de nuestras rebeldías y aplastado por nuestros pecados. Él soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados” (Isaías 53:3-5)
 

Segundo nivel: Curiosidad intelectual o escrutinio estético [arriba]
 

El segundo nivel por el cual La Pasión atrae espectadores, y me atrajo a mí particularmente, es el nivel intelectual, y por lo tanto, muy analítico. Después de leer y orar con la Palabra de Dios tantas veces esos pasajes pertinentes a la pasión de Cristo es imposible no querer ver una representación vívida de ello. Uno quiere comprobar si la imaginación no le engañó.
 
Después de leer datos científicos, espeluznantes y detallados del martirio del crucificado en la Sábana Santa de Turín (http://www.sindone.org/es/welcome.htm; http://www.aciprensa.com/sudario.htm ) despues de leer sobre el milagro Eucarístico de Lanciano, del Sudario de Oviedo, las meditaciones de Luisa Picaretta, la vida del Santo Padre Pío, y tantas otras cosas más, inexplicables a la inteligencia humana, sentía una ansiedad inmensa de saber si Mel Gibson iba a representar aquello que yo había leído tantas veces sobre el extremo sufrimiento de nuestro Señor Jesucristo. Realmente llegué a sentir temor de que mis expectativas fueran demasiado altas para esta película. A veces sentí que estaba deseando ver más de lo debido. Sentí temor de experimentar una curiosidad malsana.
 
Yo no voy a negar que fui al cine ansiosa de corroborar si la cinta era congruente con los hechos plasmados en los evangelios o no. Otro punto importante para mí era constatar por mí misma si la película iba a despertar anti-semitismo o no. Fui con todas las otras películas de Jesús en mi banco de memoria—Rey de Reyes, Jesus Superstar, Jesús de Nazaret, La gran historia alguna vez contada, Jesus: Miniseries Epicas—y era inevitable tratar de compararles mentalmente a medida que se iba desarrollando La Pasión de Cristo frente a mis ojos absortos; sin embargo, este intento fue inútil porque la película lo absorbe a uno de tal manera que no queda espacio para nada más que verla a ella.
 
Por último, siendo una ávida observadora de los elementos artísticos en la cinematografía, fui a comprobar si la película estaba hecha estéticamente y si era digna de competir con la sección de la pasión en Jesús de Nazaret de Franco Zefirelli, hasta entonces mi cinta favorita.
 
Puedo decir que La Pasión de Cristo llenó todas mis expectativas y podría atreverme a decir además que las sobrepasó. La película fue inspirada por el Espíritu Santo a través del libro que leyera Mel Gibson: La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, libro sobre las meditaciones de la pasión de Cristo de la Venerable Anne Catherine Emmerich (http://www.enciclopediacatolica.com/e/emmerich.htm). Con eso, Mel Gibson y el guionista Benedict Fitzgerald se dedicaron por 12 años a tejer una concordancia entre los cuatro evangelios, utilizando muchas otras lecturas pertinentes a la pasión de Cristo (http://www.aciprensa.com/reportajes/passion8.htm) que les ayudara a expresar a través del cine todas las emociones vividas en esas últimas 12 horas de vida de Jesús.
 
Es un trabajo con alma, vida, y corazón.  Ha requerido mucha entraña de parte de todo el elenco artístico y personal de producción para llevarla acabo. Es obvio que Mel Gibson sufrió una gran transformación de vida en el proceso de búsqueda que inició al verse a sí mismo un hombre de éxito pero carente de propósito en la vida.
 
Si el intelectual va con la mente cerrada y simplemente para corroborar su propia agenda, va en pos de una gran decepción. En cambio si va con la mente abierta puede encontrarse con una gran sorpresa.
 
Debemos recordar que esta película está basada en los hechos relatados en los cuatro evangelios de San Mateo, San Marcos, San Lucas, y San Juan. Cada uno de ellos enfoca la pasión con una audiencia distinta en mente. Debemos recordar que estos hechos son considerados verdaderos por todos aquellos que profesamos la fe Cristiana; por lo tanto, esta película va a despertar sentimientos encontrados en todos sus espectadores, pero especialmente en aquellos que no profesan nuestra fe, o aquellos que son católicos de domingo tradicional, o que son católicos a su manera, o aquellos que son cristianos fanáticos que creen ser mejor que otros y que no conocen absolutamente en nada la compasión inconmensurable de Jesús y solamente saben juzgar y condenar, usando irreverentemente la Palabra de Dios. Cristo, no cabe duda, es punto de contradicción y nos lo dice abiertamente en su Palabra:
 
“¿Creen ustedes que yo vine para establecer la paz en la tierra? Les digo que no, sino la división. En efecto, de ahora en adelante en una casa de cinco personas, habrá división, tres contra dos y dos contra tres; división de padre contra hijo y de hijo en contra de su padre, de madre contra hija y de hija en contra de su madre, de suegra contra nuera y de nuera en contra de su suegra.”( Lucas 12:51-53)

Son palabras fuertes y contradictorias, y si esta película se apega en realidad a los evangelios, lo más lógico es que cause los mismos sentimientos encontrados que él causó en todas las personas en el pasado. Es lo más lógico que cause heridas a los orgullosos y sea respuesta sanadora a los humildes de corazón que saben reconocer su necesidad de perdón y redención. Entonces es lógico también que confunda o ciegue a los inteligentes y le abra la mente a los sencillos. Intelectualmente, es difícil creer que Dios Padre permitió la muerte inexorable de su único Hijo por nosotros, hombres y mujeres indiferentes a su sacrificio muchas veces. Solamente es posible entender y soportar la violencia de esta película a nivel intelectual si se cree con fe total en la Palabra de Dios. Creyendo en la palabra, uno encuentra una explicación clara de lo que significa la Cruz en las palabras de San Pablo:
 
“Sépanlo: no me envió Cristo para bautizar, sino para proclamar el Evangelio. ¡Y nada de discursos bonitos! De otra manera se desvirtuaría la cruz de Cristo. El lenguaje de la cruz no deja de ser locura para los que se pierden. En cambio, para los que somos salvados, es poder de Dios, como dice la Escritura: Haré fallar la sabiduría de los sabios y echaré abajo las razones de los entendidos. Sabios, filósofos, teóricos: ¡cómo quedan! ¿Y la sabiduría de este mundo? Dios la dejó como loca.
En un primer tiempo habló Dios el lenguaje de la sabiduría, y el mundo no reconoció a Dios con su sabiduría. A Dios, entonces, le pareció bien salvar a los creyentes mediante la locura que predicamos.
 
Los judíos piden milagros y los griegos buscan un saber superior. Mientras tanto, nosotros proclamamos un Mesías crucificado. Para los judíos, ¡qué escándalo más grande! Y para los griegos, ¡qué locura! El, sin embargo, es Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios para aquellos que Dios ha llamado, sea de entre los judíos o de entre los griegos.
 
En efecto, la “locura” de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres; y la “debilidad” de Dios es mucho más fuerte que la fuerza de los hombres.” (I Corintios 1: 17-25)

La Pasión ciertamente no es un “discurso cinematográfico” muy bonito que digamos. Definitivamente es una ilustración turtuosa de la prolongada agonía de nuestro Señor. Muchas personas cristianas piensan que Jesús debe de ser recordado y proclamado resurrecto y majestuoso. Llegan a pensar que es hasta ofensivo ponerlo en un crucifijo, en vez de verlo sentado en su trono de gloria. Talvez haya un poco de razón en ese sentir, pero no podemos negar que nos mueve más a la conversión el recordar su sacrificio de amor que imaginarlo como un juez terrible en el juicio final. Sin embargo, no podemos quedarnos en el sentimentalismo o la emoción extrema a la que nos lleva La Pasión de Cristo. También estamos llamados a transformar nuestra vida amando, perdonando, y sirviendo a los demás porque sí va a ver un juicio final. Y como decía San Juan de la Cruz: “Al final de la vida nos juzgarán en el amor”.

 
Sala de proyección: Una experiencia religiosa con todos los sentidos del cuerpo, de la memoria, y del alma. [arriba]
 
Fui a ver la película el miércoles de ceniza después de misa, a eso de la una de la tarde. Personalmente experimenté en el cine un vaciamiento desbordado e incontrolable durante las escenas más violentas de la película, como lo es, por ejemplo, la larga escena de la flagelación. Son doce minutos en los cuales con cada golpe de los esbirros romanos se sacudía todo mi interior y me hacía retorcer en el asiento, mientras apretaba la mandíbula. Memorias de castigos propios invadieron mi mente e inevitablemente mi cuerpo estaba tensionado inconscientemente, como si esperara el golpe que Jesús estaba por recibir. Mi esposo y yo teníamos las manos entrelazadas y aprisionadas con una inmensa fuerza, como quien quisiera transmitirle fuerza a Cristo para soportarlo todo, pero realmente era para transmitirnos fuerza a nosotros mismos para poder mantener los ojos bien abiertos. Las lágrimas corrían profusas, imparables en nuestras mejías. En medio del sonido impresionante de la música y las burlas de los soldados parecía escucharse en la sala el silencio aturdido de centenas de personas cuyos corazones latían acelerados y donde todos parecíamos luchar por ahogar los gritos desesperados que querían salirnos del pecho; sin embargo, apenas eran gemidos y suspiros inaudibles. Había una tensión indescriptible en el ambiente. En un momento de la flagelación, lo pedazos de carne salen por el aire al ser desgarrados, de tal manera que toda la audiencia parece ahogarse de la sorpresa, la impresión, y el dolor. Hay un temor en el aire que pesa mucho y es el temor secreto de perder el control y caer en histeria.
 
Luego de la flagelación viene la coronación de espinas, acto cruel y humillante. Si uno lee con atención la palabras del evangelio de San Mateo se da cuenta que aún la película de Mel Gibson se queda corta en crueldad. Por ejemplo, la Palabra dice: “Los soldados romanos llevaron a Jesús al palacio del gobernador y reunieron a toda la tropa en torno a él. Le quitaron sus vestidos y le pusieron una capa de soldado de color rojo. Después le colocaron en la cabeza una corona que habían trenzado con espinas y en la mano derecha una caña. Doblaban la rodilla ante Jesús y se burlaban de él diciéndole: “Viva el rey de los judíos” Le escupían la cara, y quitándole la caña, le pegaban en la cabeza” (Mateo 27: 27-30).
 
En ese pasaje lo que me sorprende es que “reunieron la tropa”. Una tropa oscila de entre 80 a 200 militares según mi diccionario(WBD). Puede ser que una tropa romana fuera menos, talvez 30 militares, pero suponiendo esos números, Jesús recibió innumerables golpes en la cabeza y en su cara que debe haber estado bastante asquerosa por la sangre, el sudor, y la saliva de los escupitazos, además de deformada por la inflamación de tanto golpe proferido. Aun así, el odio con el que fue condenado a muerte por la multitud congregada en el pretorio, fue implacable. A pesar de estar él tan maltratado y bañado en sangre, temblando como una hoja al viento, no hubo suficiente compasión por él y se prefirió la libertad de Barrabás. Sin embargo, se le rompe a uno más el alma, de ver a nuestra Madre María sufriendo profundamente en silencio en medio de la turba enloquecida y mordaz. Llora uno como muchos de los que ahí estaban a favor de Jesús, pero que permanecían impotentes ante tanta locura. Lascera el corazón de la Madre viendo al hijo amado hecho un despojo de carne viva. En medio de su dolor, ella oraba y, aun más, era capaz de brindar consuelo a María Magdalena y a Juan. Todo el castigo de Jesús es tan fuerte tan fuerte que le hace a uno sentirse metido en la película y dan deseos inmensos de ponerse de pie y gritar igual que las piadosas mujeres que rogaban: “¡Que alguien pare esto! ¡Es un Santo! ¡Alto por favor!” Pero nadie escuchaba su clamor.
 
Yo pienso que a nivel intelectual va a ser un magnífico reto. La Pasión de Cristo por cada uno de nosotros es desmesurada. Es un amor incomprensible, un amor inexplicable, un amor inconmensurable, amor que sobrepasa los límites confiables del corazón humano, pero es amor verdadero. Calidad cinematográfica, imágenes, actuación, lenguaje, realismo subjetivo.  Por otro lado, es a este nivel intelectual en que se aprecia la calidad cinematográfica de la película La Pasión de Cristo. Con mis conocimientos limitados sobre cine podría decir que es altamente fina, un trabajo extremadamente bien realizado. Es una obra maestra elaborada con la meticulosidad de un perfeccionista. Todo elemento del arte cinematográfico que hace “vivir” al espectador intensamente y que le sacude brutalmente está incluido en este filme. Todo detalle, toda actuación, todo movimiento, toda mirada desde lo más sublime hasta lo más cruento está delicadamente estudiado y enfocado. Sin embargo, la actuación es tan buena que fluye en todo. Por ilustrarlo de alguna manera diría que la iluminación azul-oscuro y la niebla en la noche del Getsemaní es tan tenebrosa como la “tristeza mortal” que sintió Jesús (Marcos 14:34) al entrar en “agonía” (Lucas 22:43).
 
La vestimenta, el escenario, todo lo transporta a uno al pasado. Ciertamente que Mel Gibson se toma libertades artísticas de interpretación en algunas escenas e incluso añade ciertos diálogos y/o comentarios que no están en las Sagradas Escrituras, pero que no perjudican en nada a la fluidez y credibilidad del filme. Algunos de estos diálogos o comentarios refuerzan caracteres, especialmente el de nuestra Madre Santísima; por ejemplo, cuando ella ve a Jesús apresado por los guardias del templo, ella exclama: “¡Ha comenzado! ¡Hágase su voluntad!” Es un comentario lógico, ya que nuestra Madre sabe de antemano como es la historia de salvación de la que ella es intrínseca parte.
 
La actuación de Jim Caviziel como Jesús es impecable. No es un papel protagónico fácil de interpretar. Jesús se percibe como hombre de palabras tiernas pero firmes, de mirada amplia, limpia, intensa que conquista e interpela. Este Jesús es interpretado con valentía y convencimiento total sobre su destino como redentor. La única duda y terror, la única tentación o debilidad de la carne fue vencida en oración incesante en el Getsemaní: “Padre, si es posible, aleja de mí esta copa. Sin embargo, que se cumpla no lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” (Mateo 26: 39).
 
El mismo actor ha revelado lo riguroso que fue la preparación física y espiritual para realizar esta obra. Como buen católico se alimentaba de la diaria Eucaristía, rezaba incesantemente el Rosario pidiéndole asistencia a nuestra Madre para que le mostrase al Hijo y se valió de la constante oración sencilla que repetía como una jaculatoria en los momentos más difíciles de la interpretación, algo asi como: “Que la gente te vea a ti mi Señor”. Según artículos que he leído en el Internet y también en la página electrónica oficial, Caviziel sufrió una dislocación del hombro izquierdo y asi le tocó cargar la cruz. Padeció hipotermia un par de veces colgado de la cruz. Recibió unos cuantos latigazos, pero no podían parar la filmación. Él realmente se entregó a Jesús para que Jesús le usara como instrumento suyo. Por último, recibió un rayo durante la escena del sermón del monte de cual salió ileso. Fue tan buena su interpretación que hubieron comentarios de que gente curiosa que se acercaban al set querían tocarlo como quien se viera movido a “tocar” a Jesús mismo. Puedes leer su entrevista completa y más en ACIPrensa en los siguientes enlaces: http://www.aciprensa.com/reportajes/passion21.htm ; http://www.aciprensa.com/reportajes/passion1.htm ; http://www.aciprensa.com/reportajes/passion2.htm
 
La otra cosa fascinante y que también fue fuertemente criticada por los medios de comunicación es que la película fuera filmada en dos lenguas muertas: Arameo y Latín. Algunos eruditos dicen que se hablaba el Griego no el Latín. Para mí este comentario no viene al caso y es un argumento sin sustancia ya que no le quita al filme su fuerza interpretativa. El uso de esos idiomas es simplemente un esfuerzo admirable y loable de parte de todo el elenco de producción al tratar de elevar los niveles de realismo de la película. Por último, es mi opinión personal, yo diría que habría que ser un erudito en materia antropológica, histórica, cultural, religiosa, lingüística y cinematográfica para encontrar errores graves o intolerables en esta cinta. He leído bastantes comentarios temerarios de personas que solamente van buscando lo malo, lo humano, lo defectuoso. Eso siempre lo vamos a encontrar.
 

Por otro lado, el realismo es algo subjetivo en cinematografía. El realismo se ve intensificado muchísimas veces por los elementos de iluminación, color, velocidad, perspectiva, punto de vista, sonidos, música, ambiente, efectos especiales de cámara, enfoque, lentes, filtros, etcétera. Cuando digo intensificado o aumentado, no me refiero a que es exagerado. Son dos cosas distintas en este contexto. Por ejemplo, si yo tengo dificultad en observar alguna cosa a simple vista y utilizo una lupa, no estoy exagerando, por decir así, aquello que ya existe, que ya está ahí; yo diría que simplemente lo estoy observando en mayor detalle al ser aumentado por el lente de la lupa. El aumento es subjetivo entonces. La “imagen” aumentada no “existe” como tal; solamente existe mientras sea vista a través del lente de la lupa.
 
Es muy conocido el dicho entre Americanos el que “la belleza está en el que la contempla”. Talvez por eso todo el que mira La Pasión de Cristo ve algo distinto y muchas veces contrario uno de otro. Para algunos la película es una magnífica obra de arte. Para otros es un espectáculo feo y barato de lo grotesco. Y para algunos, como yo, es el híbrido perfecto de una historia paradójica donde la brutalidad del pecado representado por una cruz convive con la sublime redención del hombre escarnecido y clavado en ella. Donde el signo de muerte y vergüenza, se convierte en signo de vida y orgullo para los cristianos.
 
Definitivamente que esta película nos lleva a experimentar viceralmente la pasión de nuestro Señor. Pareciera que la meta de Gibson es estremecer nuestras entrañas como se le estremecieron a él al contemplar en su imaginación todo lo que Jesús sufrió para redimirnos del pecado. La única manera de lograr estremecernos es poniendo una lupa a los cuatro evangelios que hemos leído tantas veces ya, que hasta podríamos haber perdido la pasión por nuestra fe.
 

Tercer nivel: no cabe duda que el objetivo principal de la película es espiritual, es ganar almas para Cristo Jesús nuestro Señor. [arriba]
 
La Pasión de Cristo es una película que nos habla más claramente al nivel espiritual si es que realmente queremos “escuchar”. Está hecha para hablarle a nuestro corazón de piedra y convertirlo en uno de carne. Está elaborada para suscitar una conversión y una transformación en la vida de quien vaya a verla. Esta película es instrumento de Dios para llegar a nosotros y recordarnos el sentido de la vida y el sentido del sufrimiento. A través de este filme, Dios nos ayuda a renovar nuestra fe con el fuego de su amor sacrificado.
 
El que tiene objeciones por esta película, las tiene por razones muy obvias de las cuales no soy ajena, pues las he vivido en carne propia. Uno por naturaleza no quiere vivir bajo ningún orden, ninguna ley, o ninguna regla impuesta por alguna institución religiosa; uno no desea que nada ni nadie le diga como tiene que regir su vida; no desea escuchar que sus acciones, que sus elecciones, o estilo de vida está llena de pecado. Es por esta sencilla razón que uno prefiere creer en otras cosas menos “locas” o menos “peligrosas”, “comprometedoras”, o “exigentes” como es el evangelio de Cristo. Es más fácil creer en los horóscopos, la adivinación, la nueva era, la santería, la brujería, la magia, el ocultismo, lo raro, lo insólito, en el ateísmo, y hasta el satanismo, que creer en las palabras de un hombre judío crucificado hace más de dos mil años.
 
Es más fácil dar culto al materialismo y el consumismo que nos insta a la gratificación inmediata que da la acumulación de bienes y el respeto social asociado con ello, que creer en una vida entregada y desprendida que ayuda a aliviar al hermano más necesitado. Es más fácil vivir para nosotros mismos que vivir una vida gastada por los demás como una Teresa de Calcuta, un Santo Padre Pío, o un Martin Luther King.
 
¿Por qué tanta queja sobre la violencia gráfica de La Pasión? ¿Acaso lo que nos molesta es que toda su violencia es un reflejo de nuestra realidad humana actual? ¿Cúal antisemitismo?
 
Yo no veo antisemitismo en la película. Para el cristiano de verdad no puede existir tal cosa. Como se han cansado de decirlo todas las personas envueltas en esta producción, el antisemitismo es un sentimiento muy contrario al mensaje de la película. Es mi opinión personal que para encontrar antisemitismo hay que ir con la mente viciada y prejuiciada. La amenaza que sintieron algunos en el pasado y no necesariamente todos judíos, las sentimos nosotros también. No nos podemos esconder detrás de la máscara del anti-semitismo. Hay que asumir responsabilidad por nuestro pecado individual.
 
Yo lo que veo claramente plasmadas en La Pasión de Cristo son todas nuestras bajezas. Los males de ayer son los mismos de hoy; los pecados de ayer son los mismos de hoy. Talvez el pecado de hoy sea peor porque los medios de comunicación y la tecnología avanzada han logrado darnos acceso a información dañina para nuestra alma como lo es la pornografía, por ejemplo, que antes no podíamos obtener o accesar tan facilmente como hoy.
 
Esas bajezas humanas ilustradas en La Pasión las vivimos y escuchamos todos los días en los noticieros. Son bajezas las manipulaciones políticas que llevan a planear robos, estafas, traición, y asesinatos; las escuchamos en la demagogia descarada que promete lo imposible por un voto; bajezas tales como el deseo de control ya sea por una institución religiosa, relacional, ideológica, financiera, o gubernamental, y esta última a veces llega a oprimir a todo un pueblo por mantenerse en el poder a veces usando el miedo y extrema fuerza militar como lo hizo el imperio romano; observamos bajezas tales como la volatilidad del ánimo humano que un día vitorea a una persona y otro día la aplasta con palabras y testimonios falsos.
 
Vemos en La Pasión bajezas actualizadas tales como el egoísmo o el miedo a perder la vida. No, ni siquiera miedo a perder la vida como fuera el caso de San Pedro y la mayoría de los apóstoles que después, gracias al Espíritu Santo, tuvieron el valor para entregarla por Cristo. Sino más bien un miedo ridículo a perder la estima de los demás, el status quo, la posición social o laboral; miedo a perder lo que el “mundo” valora como es el éxito económico y la inteligencia o alto conocimiento y que muchas veces está lejos de un ideal honesto, justo, pacífico, de un ideal cristiano; nuestras bajezas están presentes en la soberbia de los orgullosos que creemos tener la razón en todo y tendemos a condenar, a juzgar, y a criticar sin escuchar primero con compasión a todo aquel que piensa distinto o cuya creencia religiosa es distinta. Estas no son mis ideas personales. Jesús nos exhorta una y otra vez con gran vehemencia con su vida y con su palabra a vivir todo lo contrario a lo que nos insta el mundo; las siguientes palabras son dichas en una escena retrospectiva en La Pasión de Cristo:
 
“Por el contrario, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Entonces la recompensa será grande y serán hijos del Altísimo, que es bueno con los ingratos y los pecadores. Sean compasivos, como es compasivo el Padre de ustedes. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará; recibirán una medida bien llena, apretada y rebosante; porque, con la medida que ustedes midan, serán medidos” (Lucas 6:35-38)
 
Por el contrario, presenciamos en toda La Pasión de Cristo la ira y la impaciencia que pega puñetazos, empuja, arrastra, patea, flagela, golpea, abofetea, desgarra, humilla, arranca, desnuda; y al ver todo esto en pantalla nos indigna, nos revuelve el estómago, olvidando—o talvez recordando inconscientemente—nuestra propia ira e impaciencia que nos lleva al castigo físico insoportable de nuestros propios hijos, nuestros cónyuges, nuestros padres, nuestros pupilos, o nuestros empleados.

 
Nos repugna escuchar las palabras que salen de la boca de una turba enardecida: “¡Crucifícalo!” “¡Crucifícalo!” “¡Crucifícalo!” Talvez hay una gran verdad en aquel dicho que dice que aquello que más detestamos es aquello que realmente nos esclaviza; por lo tanto, es precisamente eso lo que nos hace sentir culpables cuando vemos ciertas imágenes que le recuerdan inconscientemente a nuestra consciencia que hemos pecado. Por nuestra cultura sabemos que no es raro que salgan de nuestras propias bocas insultos vociferantes, producto de nuestra impaciencia, reclamos absurdos por cosas tan irrelevantes como la comida que no está lista, o no está caliente, o no es la que gusta a mi paladar, o porque mi camisa favorita o mi blusa no está lavada y planchada.
 
Nuestras bajezas están ahí en ese abuso verbal, emocional, y físico; están ahí retratadas en ese abuso de nuestra dignidad humana, en el abuso de gente acorralada por el miedo, por complejos, por enfermedad, o por la impotencia. Muchas veces nuestras víctimas son gente frágil como son los niños, algunas mujeres, y ancianos o algunos “inválidos”, cuyo apelativo es ya una ofensa solapada a veces que le quita su valor como persona íntegra en la sociedad.
 
Somos capaces de actuar con la misma violencia de esa turba implacable reflejada en el filme, los nicaragüeses, los salvadoreños, los colombianos, los venezolanos, los cubanos, los haitianos, y toda nuestra America Latina lo ha vivido. Somos capaces de actuar en contra de gente que son de distinta clase social, de distinto color de piel, de distinta descendencia étnica, o de distinta creencia.
 
Protagonizamos violencia verbal, con chistes vulgares, con burlas, con sarcasmos o con actitudes farisaicas cuando nos referimos a aquellos pecadores tales como son las prostitutas, los fornicadores que las frecuentan, los alcohólicos, los drogadictos, los esposos y esposas infieles, los pandilleros, los ladrones, los asesinos o gente generalmente buena que tienen luchas a muerte con su confusa orientación sexual.
 
Sí, La Pasión de Cristo apegada a los Evangelios nos echa en cara todo eso y más. Refleja las acciones cobardes colectivas en la que individuos lanzan piedras, pegan con palos y arrasan con todo lo que encuentran al paso mientras se confunden en una turba y logran sus fechorías sin asumir responsabilidades.
 

Hay un momento en la cinta cinematográfica en que el camino del Via Crucis se vuelve insoportablemente lento y exasperante por la demencia que parece apoderarse de todos. Unos gritan en contra y otros a favor, y eso es algo que alcanza límites intolerables para muchos en La Pasión de Cristo. En una escena, Jesús se va de bruces y la pesada cruz le cae encima, literalmente “aplastándole” como diría el profeta Isaías, aumentando su dolor mientras vomita sangre de su boca. Él se cae muchas veces. Es duro de observar y aceptar como real, pero lo glorioso está en su constante levantada
 
A veces pareciera que hubiésemos creado una ceguera inmensa o una coraza durísima ante los hechos diarios de bajeza humana como son los actos del terrorismo, de una guerrilla que no termina, de los asesinatos de nuestros jóvenes en las escuelas, de las violaciones de nuestros niños, de aquellos que se matan a machetazos todos los días.
 

“¿Soy acaso el guardián de mi hermano?” Gen. 4:9 [arriba]
 
¡Ojalá y La Pasión de Cristo nos estremezca profundamente y nos saque de nuestro letargo! Pues somos indiferentes ante las necesidades de los menos privilegiados. Mientras nosotros estamos bien nada ni nadie nos preocupa. Somos indiferentes al desempleo de otros, al hambre y al frío de otros, a la falta de techo, a la falta de libertad, a la falta de educación del otro.
 
Mientras nosotros y nuestros familiares y amigos tengamos salud no nos preocupa un mundo de personas allá afuera sufriendo en hospitales terribles enfermedades o sufriendo abandono, o soportando en su mísera casa dolores indecibles porque no hay recursos económicos para atenderse dignamente.
 
Ya sabemos que no hay fe que valga si no hay obras; ya sabemos que no hay obras que valgan sin amor. Estamos llamados a amar a Dios en nuestros hermanos, especialmente los más pequeños, los desprotegidos, los menos privilegiados, los débiles, los solitarios, los desterrados, los excluídos, los rechazados, los extranjeros y nuestros enemigos. ¡Que difícil tarea! y, sin embargo, con Jesús y su gracia, no hay nada que no podamos hacer. Nuestro mundo está lleno de heridas profundas y nuestro mundo está lleno de pecados. Estamos siendo llamados a hacernos un examen de consciencia. Estamos llamados a vivir en la luz de Cristo. La consecuencia del pecado siempre será la muerte:
 
 “No se engañen: nadie se burla de Dios. Se cosechará de lo que se siembra. El que siembra para la carne, cosechará de la carne corrupción y muerte. El que siembra para el espíritu, cosechará del Espíritu la vida eterna”(Gálatas 6: 7-8).
En este mundo actual, somos esclavos de muchas cosas. Nos agobian las ansiedades, el estrés, las depresiones, nuestros excesos, nuestros vicios, nuestras iras, nuestras impaciencias, nuestros egoísmos, nuestra envidia, nuestra codicia, nuestra pereza ilimitada, nuestros afectos desordenados, y las co-dependencias; sin embargo, no queremos ver ni aceptar en Dios la solución a nuestra esclavitud, cualquiera que ésta sea.
 
Es obvio que La Pasión de Cristo es una película que habla más claramente a ese tercer nivel espiritual. Toda esta locura, todo este caos en que vivimos, y todo lo que sufrimos en el mundo necesita de un REDENTOR. La pasión de nuestro Señor Jesucristo tiene ese sentido liberador, sanador, y restaurador. La película, basada en la historia de los Evangelios, simplemente muestra el amor de Dios por los hombres:
 
“Tanto amó Dios al mundo que entregó su Hijo Único, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no mandó a su Hijo a este mundo para condenar al mundo, sino que por él ha de salvarse el mundo….” (Juan 3:16-21).

 
Catolicismo: Sufrimiento, Eucaristía, y nuestra Madre María [arriba]
 
Mis queridos amigos, he ido a ver esta película tres veces con diferentes personas. Las personas que tenemos una relación personal con Jesús nos sentimos extremadamente conmovidas, transformadas, y con una fe profundamente renovada en el fuego del amor sufriente de Cristo.
 
Los que creemos con fe en el Verbo encarnado salimos del cine con un ardor inmenso en el corazón. Se siente un profundo agradecimiento por ese amor entregado tan llanamente en el suplicio. Este agradecimiento es mucho más poderoso que el engaño del demonio que es infundir culpabilidad y remordimiento que alimentan nuestra soberbia escondida y que nos pueden llevar al suicidio. Esta fue la triste razón de doble muerte para Judas Iscariote. Este agradecimiento que sentimos nos lleva a reconocer que somos pecadores y que necesitamos de la gracia de Dios todos los días para poder caminar en santidad. El agradecimiento nos lleva a desear comunicar la buena nueva de nuestra Redención por Cristo nuestro Señor dondequiera que vayamos, usando todos los medios posibles.
 
Para los que somos Católicos, despues de ver La Pasión de Cristo nunca más la Misa será igual, pues cada acto de nuestro rito ha vuelto a tener un sentido más que profundo. Ya no podemos ir a la Eucaristía como un acto de piedad religiosa. No puede ser una costumbre, no puede ser un simple hábito, no puede ser simple tradición. La Eucaristía es Cristo en cuerpo, sangre, alma, y divinidad verdadera, entregado por nosotros y por nuestra salvación. Si antes creíamos que Jesús estaba presente en la Eucaristía, ahora estamos más que convencidos pues en La Pasión de Cristo su Palabra cobra una fuerza contundente que no hay manera de ver la Eucaristía como algo simbólico. Jesús dice con gran insistencia en el Evangelio:
 
“En verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre, y no beben su sangre, no viven de verdad. El que come mi carne y bebe mi sangre, vive de vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es comida verdadera y mi sangre es bebida verdadera. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él” (Juan 6: 53-57).

Fueron palabras muy duras, muy difíciles de entender, muy difíciles de aceptar para la gente de su tiempo como lo siguen siendo para nosotros el día de hoy. Si hay algo que el católico cree literalmente es en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. No es un verdadero cristiano católico el que cree que la Eucaristía es simbólica. Tristemente para nuestros hermanos cristianos de distinta denominación no hay explicación que valga. Ni siquiera la misma que procede de Cristo:
 
“Las palabras que les he dicho son espíritu y, por eso, dan vida. Pero hay algunos de ustedes que no creen” (Juan 6: 63-64).
 
En una ocasión, la esposa de un pastor protestante alumna mía me dijo: “Sara, dime en la cara que tú crees que Jesús está presente en un pedazo de pan”. Al yo confirmarle mi fe, ella exclamó: “Pero Sara, una persona tan inteligente como tú no puede creer eso. ¡Eso es imposible!” Yo me sonreí, y tanto en esa ocasión como hoy, yo me adhiero a tan solo una cosa que le dijo el ángel Gabriel a nuestra Santísima Madre María:
 
“Porque para Dios nada es imposible” (Lucas 1:38).
 

¡Alégrate, llena de gracia; el Señor está contigo! (Lucas 12:8) [arriba]
 
Hablando de nuestra Madre María Santísima, Maia Morgenstern, la actriz judeo-rumana le ha representado con el sentir genuino de nuestro catecismo católico. Viendo La Pasión de Cristo, es casi imposible no sentirse cerca del corazón de la Madre de Jesús. Existe una conexión y una comunicación profunda entre nuestro Señor Jesús y María Santísima que es sencillamente lógica a nivel humano y más que esperada a nivel espiritual que ésta exista.
 
Ella sabe que su Hijo Jesús va a ser entregado. A María Santísima se le reveló el misterio de la salvación desde que el ángel le visitó y le pidió su consentimiento para darle espacio en su vientre—cual sagrario digno del Hijo ante los ojos de Dios Padre. Ella le dio “sangre de su sangre y huesos de sus huesos” (palabras pronunciadas al pie de la cruz por el personaje de nuestra Madre María en la película). María, le cuidó con esmero. Lo educó en los caminos del Señor con salmos y oraciones. Le enseñó lo cotidiano de la vida. Se cuidaron y amaron el uno al otro aun más al faltar San José.
 
El Sí de María es un sí absoluto que la lleva hasta el pie de la cruz de su hijo con todo conocimiento y entrega. Simeón, inspirado por el Espíritu Santo, alabó a Dios en el templo cuando José y María presentaron a Jesús, y luego le dijo a ella:
 
“Mira, este niño debe ser causa tanto de caída como de resurrección para la gente de Israel. Será puesto como una señal que muchos rechazarán. Y a ti misma una espada te atravesará el alma. Pero en eso los hombres mostrarán claramente lo que sienten en sus corazones” (Lucas 2:34-35).
 
Es por eso que en la película nuestra Madre es representada como mujer completa, muy humana y a la vez capaz de sufrir en absoluto silencio y oración el dolor intenso de presenciar la tortura y la agonía de su hijo. No es María Santísima cualquier mujer. Dios Padre la formó especialmente para esta misión y ¿de qué otro ser humano se puede decir que fue “llena de Gracia”? Es por eso que nosotros creemos en su inmaculada concepción.
 
¿Acaso Jesús, nuestro Señor, no es digno de tener por Madre al mejor ser humano que Dios pudo encontrar en la faz de la tierra? ¿Por qué confundir nuestro profundo respeto y veneración con idolatría? Ella es digna Virgen y Madre de nuestro Redentor y en La Pasión de Cristo su relación con Jesús se siente profunda, genuina, e insondablemente tierna.
 
¿Qué madre que ha perdido un hijo no puede entender esta conexión tan sublime entre Jesús y María? ¿Qué madre cristiana, tierna, y amorosa desconoce la ternura de María Santísima por Jesús, su hijo querido, nacido de sus entrañas, y entregado de común acuerdo con el Padre Santo del Cielo para cumplir con la promesa de salvación de su pueblo?
 
¿Qué madre no contiene las lágrimas, consuela, y conforta al hijo moribundo para darle fuerzas aunque ella esté destrozada por dentro, mordiéndose el corazón y rogándole a Dios morir en lugar del hijo? En la película, cuando Jesús está ya en la cruz, nuestra Madre se acerca y dice entonces esas palabras estremecedoras: “¡Huesos de mis huesos, carne de mi carne, déjame morir contigo!” Estas líneas son parte de esa licencia artística de Mel Gibson, pero que a su vez respeta la teología. Nuestra Madre María lo sabía todo. Ella no puede morir en lugar de su hijo; simplemente sabe que lo más que puede aspirar es a morir con él. Sin embargo, sabe también que tiene que cuidar de sus hijos espirituales.
 
María Santísima es “Madre y hermana legítima de Jesús” pues fue él quien dijo:
 
“Porque todo el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana, y mi madre” (Mar. 3: 35).
 
¡Qué elogio más bello el que Jesús diera en esa ocasión a su Madre! En otro hermoso pasaje vuelve a confirmar a su Madre después que una mujer se emociona y grita a Jesús:
 
“¡Feliz la que te dio a luz y te amamantó!” Pero él declaró: “¡Felices pues los que escuchan la palabra de Dios y la observan!” (Lucas 11:27).
 
 ¿Acaso nuestra Madre María no escuchó la Palabra de Dios a través del ángel Gabriel? ¿Acaso no hizo la voluntad del Padre al concebir al Redentor? ¿Acaso no queda esto fuertemente establecido cuando pronuncia las palabras: “Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí lo que has dicho” (Lucas 1:38)? Cuando Jesús la llama “Mujer” está simplemente afirmando esa entereza y valor de nuestra Madre.
 
No me cabe duda que Maia Morgensten realizó un papel extraordinario al darle vida al personaje de nuestra Santísima Madre. Leí un artículo titulado “The Crucifixion was an R-rated event: Clergy Reactions to The Passion of the Christ” (La crucifixión fue un evento restringido: Reacciones del clérigo sobre La Pasión de Cristo). Este artículo contiene unas entrevistas realizadas por Mark Moren y publicado en el internet el 26 de febrero del 2004 en el portal cristiano “Cristianity Today” (www.christianitytoday.com). Lo que encontré interesante en este artículo es que tres de cinco pastores evangélicos reconocían públicamente que la parte favorita de la película para ellos era la imagen de nuestra Madre María. Uno de ellos, Jeff Ahlgrim—pastor ejecutivo de la Heartland Community Church, de Normal, Illinois—dijo: “ El sub-trama de María, la experiencia de la madre de Jesús. Esas escenas trajeron el sufrimiento de Cristo a un nivel humano muy real y muy básico”.
 
Otro pastor, Mo Hodge—pastor mayor de la Bridge Community Church, de Decatur, Indiana—dijo simplemente que le había gustado: “El desarrollo de la conección de Jesús con su madre”.
 
Por último el pastor Steven Usry—Pastor General del Harvest Point UMC, McDonough, Georgia—pronunció palabras muy vehementes al respecto y que me tocaron mucho el corazón a mí. A Usry le gustó, “el uso de María, madre de Jesús, por Mel Gibson. Yo se que Mel es católico y que María significa algo grande para mucha gente católica, pero ella fue retratada maravillosamente, y estuve cautivado durante la película por su presencia. Me di cuenta que había hecho de lado a María demasiado en mis puntos de vista teológicos, empujándole hasta el borde de la visibilidad. En un esfuerzo inconsciente de ir en contra de la reverencia que muchos católicos tienen por María, yo creo que los protestantes probablemente fallamos en darle a María y su relación con Jesús la atención debida. A medida que miraba la película y especialmente esas escenas con María y Jesús, yo pensé, ‘Jesús debe haber amado a su madre muchísimo—y yo debería amarle también!’ Ella fue una vasija usada por Dios, y ella merece nuestra honra”.
 
Así pues que La Pasión de Cristo es punto de contradicción hasta entre nuestros mismos hermanos cristianos porque también he leído comentarios muy desagradables que no valen la pena mencionarlos por su arraigado anti-catolicismo. El catecismo dogmático católico sobre la Eucaristía, el sufrimiento, y María Santísima es muy preponderante en el filme, y el católico practicante tiene un encuentro maravilloso con muchos simbolismos que solamente como católicos entendemos en su profundidad y significado.
 
Aquí es dónde vuelvo nuevamente a la propuesta que nos presenta esta producción cinematográfica. Hay que tener muy en cuenta que si es fiel al evangelio, es lógico que despierte grandes pasiones contrarias. Si es inspirada por el Espíritu Santo, como lo cree su productor Mel Gibson y todo el elenco artístico y todo el personal de trabajo, no va a haber nada ni nadie que pare las transformaciones de corazón y de vida que ésta película puede traer de manera masiva, independientemente de las intenciones humanas de la carne, del mundo, o del diablo mismo.
 
Ha quedado muy en claro con La Pasión de Cristo que no hay resurrección sin el sufrimiento; y de ahí que el católico consciente lleva un crucifijo en homenaje a la entrega de Jesús en la cruz; el crucifijo es un símbolo profundo que nos recuerda su entrega de amor en el sufrimiento. Tristemente para muchos no es más que una joya o un adorno para lucir en el cuello.

 
La sorpresa del momento: Cuando uno busca el Reino de Dios, lo demás, en realidad, llega por añadidura (Ref. Mateo 6:33) [arriba]
 
Hablando en términos mundanos, La Pasión de Cristo ha batido récords de taquilla de manera impresionante en Estados Unidos. Hasta el martes 16 de marzo había vendido 264 millones de dólares. Un artículo que ví por el Internet después del fin de semana de apertura leía: “El hombre araña y Matrix recargado vencen a Jesucristo”. Me parece muy pobre comentario ya que su autor no se puso a pensar un poquito antes de hacerlo.
 
La Pasión ha sido una película altamente recomendada para personas de 18 años en adelante por la violencia ilustrada en ella. Esto se ha respetado más que nunca en Estados Unidos; por lo tanto, ni un solo niño ha ido a ver la película (a menos que un padre o madre despistado o negligente lo haya hecho, cometiendo una grave equivocación). Entre los adolescentes por supuesto que ha habido mucha curiosidad, pero se supone que no pueden ir a verla si no van acompañados por un adulto o con una carta oficial de consentimiento firmada por los padres.
 
Es por esta sencilla razón que yo pienso que si esta película hubiese sido apta para niños y adolescentes, hubiese batido los récords de venta de taquilla de todos los tiempos. Es más, yo me atrevo a predecir que después de este año La Pasión de Cristo va a sobrepasar en ventas de taquilla a la película Titanic que vendió un total de 600 millones de dólares en todo el mundo y mantiene el récord de más ventas hasta este momento en toda la historia del cine. Aunque Mel Gibson tenga muchos detractores en los medios o en el mismo Hollywood, pienso que su filme merece varias nominaciones a los premios Oscar®.
 
Nuestra Latinoamérica posee una fe más viva—siento eso en mi corazón, —y esta película va a ser muy bien recibida por nuestro pueblo sufrido. Va a traer esperanza y paz interior a muchos que quieran recibir tales dones. Muchos van a encontrar la sanación de sus heridas emocionales, y muchos encontrarán la fortaleza para soportar sus dolencias y sus enfermedades. Todo esto es posible porque La Pasión de Cristo es la proclamación del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo a través de la cinematografía. A mí en particular me animaron mucho las palabras de Mel Gibson que decían algo así como: “Yo no soy predicador, no soy sacerdote, no soy evangelista; yo soy cineasta y comunico mi fe a través de lo que se hacer”. No me cabe duda de que esta película es una gran herramienta de evangelización. Ojalá y todo el que la vaya a ver desee expresar su fe con todos los dones que Dios le otorgó y que su entrega a Cristo de frutos de alegría, de paz, y de amor.
 
Si La Pasión de Cristo es un fuerte signo de contradicción en nuestro mundo de hoy, es simplemente porque le hace honor a su personaje central: Jesús nuestro Señor
 
Espero mis hermanos que hayan podido llegar al final de este largo artículo que más que un artículo es un relato de una vivencia fuerte de mi fe a través de la meditación profunda a la que me llevó esta película. Además, Dios me dio el don de escribir, el don de expresarme con palabras, y es por eso que lo estoy poniendo a trabajar por su Reino. Espero que este escrito sea una invitación vehemente a todos ustedes a vivir La Pasión de Cristo y que al experimentarla sus vidas se vean nuevamente transformadas, renovadas, y encendidas en el amor infinitamente misericordioso de nuestro Señor Jesús. Les ama en ese amor extremo de Cristo y en la ternura sublime de nuestra Madre María Santísima,

Sara Torres.
 

 


“La pasión de Cristo: Signo de contradicción” Escrito por Sara Torres Derechos reservados del autor. Copyright ©2004 Published at www.saratorres.com

Muchas gracias a ACIPrensa por proveer buenas fuentes de información acerca de la película La Pasión de Cristo. www.aciprensa.com
 
 
Citas:
Chiron, Ives. Padre Pío: El capuchino de los estigmas. Madrid: Arcaduz, 1999.
Solé S.J., Manuel. La Sábana Santa de Turín: Su autenticidad y trascendencia. Bilbao:Mensajero, 34.

Derechos reservados del autor(a) Copyright ©2004
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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