![]() |
|||||||
|
Artículos"La pasión de Cristo:
|
|
|
6 de marzo del 2004
Intensa, extrema, dolorosa, sangrienta, brutal,
incomprensible, una locura total es La Pasión de Cristo, película
producida por el reconocido cineasta Mel Gibson y que ha causado gran
sorpresa en Estados Unidos de América por su gran éxito de taquilla a
pesar de los constantes embates de los medios de comunicación seculares
en general que especulan sobre su contenido anti-semita. Por su
violencia gráfica y detallada, no es una película apta para menores de
13 años y debe ser vista en compañía adulta por los adolescentes entre
los 14 y los 18 años.
¿Qué tiene esta película que nos
atrae tanto? [arriba]
Simplemente me atrevo a opinar que en primer
lugar es el relato de la acción más extrema e importante del hombre más
famoso e influyente de la historia de la humanidad y que además contiene
todos los elementos físicos, literarios, cinematográficos, y
espirituales que estremecen las emociones humanas. Estoy convencida que
es por esa razón que conecta vívidamente con todos nosotros los
espectadores, independientemente de nuestros niveles de fe y hasta de
nuestras creencias religiosas.
Yo he experimentado esta película con todo mi ser a todos los niveles:
carnal, intelectual, y espiritual y desde una fe católica sólida. Quiero
compartir con todos mis amigos latinoamericanos, y sobre todo con mis
compatriotas nicaragüenses, esta experiencia religiosa que representa
para mí La Pasión de Cristo; es mi mayor objetivo animarles a que vayan
a ver esta película preparados y con el corazón y mente bien abiertos.
Primer nivel: Curiosidad carnal o
morbo por la violencia [arriba]
En el primer nivel, yo diría que atrae una
inmensa curiosidad y necesidad de comprobar si la violencia grotesca de
la que tanto se habla en esta película es verdad. Esta curiosidad
extrema, casi morbo común por lo dantesco habita en esa parte inexorable
y oscura de nuestro ser humano instintivo y carnal. Esta tendencia ha
existido desde que el hombre es hombre. Esta inclinación es la que hizo
de la crucifixión romana un espectáculo atrayente de las masas por muy
horrendo que ésta fuese entre muchas otras formas de tortura y ejecución
que han existido en la historia.
Hoy en día este mismo instinto nuestro es el que hace que se produzcan
programas televisivos con videos extremos, noticieros escandalosos y
alarmantes, espectáculos degradantes, revistas y periódicos con noticias
y fotografías horripilantes, juegos de videos que minimizan el valor de
la vida ya que el objetivo es casi siempre realizar una masacre virtual
y gana el que más “personas” mata, y muchas otras cosas más que son
aceptables en nuestra cultura.
Cuestionando las motivaciones de
Mel Gibson [arriba]
Muchas personas, incluyendo cristianas
practicantes, me han preguntado porqué creo yo que Mel Gibson trajo ese
“espectáculo romano” tan desagradable a nuestros tiempos al hacer un
filme tan detallado del suplicio de Cristo.
Estas personas bien intencionadas creen que a Mel Gibson se le pasó la
mano. Como católica, quien encontró su conversión en la meditación
profunda de la pasión de Cristo, pienso que la película honra a
cabalidad el sacrificio de Jesús por toda la humanidad. A muchos no nos
gusta ver la “realidad” de este sacrificio humano y divino porque nos
interpela y nos cuestiona la vida entera. Muchas personas en los medios
han cuestionado las motivaciones de Mel Gibson y mucho se ha traído a
colación su supuesto catolicismo “tradicionalista” y “separatista”,
sobre si se somete a Vaticano II o no.
También, en el corazón de la gran controversia se han cuestionado si su
filme es anti-semita. Por lo tanto, para librarnos de toda duda, he
buscado en ACI Prensa y he encontrado un artículo que explica esta
situación y es titulado: “Organizaciones judía difamadoras no tendrán
acceso a ‘La Pasión’, anuncia vocero de icon” y que fue publicado desde
Los Ángeles, California el 4 de agosto del 2003.
He descubierto que efectivamente esta especulación es parte de la
campaña difamatoria de la Liga Antidifamación (LAD) y del Centro Simon
Wiesenthal, dos organizaciones judías “que han acusado formalmente a
Gibson y a su película de ‘promover el antisemitismo’, señalando como
justificación de la acusación las supuestas tendencias
‘tradicionalistas’ de Gibson”.
Ha estas dos mentiras añadieron que Gibson está construyendo su propia
iglesia. Eso también me extrañó mucho y gracias a Dios encontré la
aclaración en el mismo artículo:
“La verdad, según ha explicado Lauer [vocero de la productora Icon], es
que Mel Gibson ha financiado la construcción de una capilla católica
–con permiso de la Arquidiócesis de Los Ángeles- con un altar ‘ad
orientem’, para celebrar las misas en latín autorizadas por la Santa
Sede, y que Mel Gibson prefiere, como alguna vez lo ha indicado “las
Misas de mi infancia”.
Si quieres leer el artículo completo puedes ir al siguiente enlace de
ACI Prensa: (http://www.aciprensa.com/archivo.php?fecha=2003-08-04)
Si el mismo Santo Padre Pío de Pietrelcina pidió una dispensa al Papa
Pablo VI para que éste le permitiera ejercer la misa en latín y la
obtuvo sin ningún problema (Chiron, 345-46), ¿porqué va a ser problema
ahora? Hay personas que se sienten más cerca de Dios con la misa
Tridentina.
Por último, y para colmo, se quisieron meter hasta con su padre por unos
supuestos comentarios que éste hiciera sobre el holocausto judío. A mí,
en particular, esto último me parece insólito ya que mi propio padre no
profesa mi fe y más bien critica fuertemente a la iglesia Católica cada
vez que tiene una oportunidad, y el pobre tiene que soportar a ésta su
hija que anda evangelizando con su música inspirada en el amor de Cristo,
muy en contra de su voluntad. ¿Puede acaso alguien juzgarme a mí por las
acciones de mi padre? ¡Por supuesto que no!¿He dejado de amar a mi padre
por eso? No. ¿Me ha dejado de amar él a mí? Yo estoy convencida que no
aunque no me lo demuestre como yo quisiera. No cabe duda que los medios
han buscado muchas manera de quitar credibilidad a Mel Gibson
cuestionando su vida, su familia, sus creencias, y sus motivaciones en
la realización de esta película.
Sin embargo, pienso yo que nadie cuestionó tan fuertemente las
motivaciones de el director y productor Steven Speilberg cuando realizó
La Lista de Schlinder (Schlinder’s List, 1994) y Salvando al Soldado
Ryan (Saving Private Ryan, 1998). Estas son películas basadas sobre
hechos reales que están frescos en la memoria colectiva de quienes lo
vivieron directa o indirectamente—La primera película es sobre el
holocausto judío y la otra sobre la invasión Americana en territorio
francés llamada “D-Day” (Día D).
La violencia gráfica y detallada en este tipo de películas es usualmente
elogiada y descrita como una película “asombrosamente realista”. Ninguna
de estas dos películas tiene reservas en mostrar los horrores realizados
por los Nazis en los campos de concentración o en el ataque del “Dia D”.
Como ejemplo, en la última mencionada, los espectadores contemplamos en
su inicio una masacre infernal, donde los cuerpos son acribillados,
despedazados, y desmembrados sin piedad alguna; vemos como la sangre
salpica todo, incluyendo en varias ocasiones el lente de cámara; además,
el productor Steven Spielberg hace tomas en cámara lenta—un efecto que
francamente no es realista porque los eventos que vivimos o presenciamos
no suceden en cámara lenta, pero de alguna manera es un efecto
cinematográfico muy eficaz que “aumenta” el realismo subjetivo de un
filme. Ciertamente, Spielberg usa la cámara lenta para que no nos
perdamos un sólo detalle del sangriento terror de una guerra. Saving
Private Ryan nos dejó a todos sumidos en un estado profundo de choque,
similar al que se vive viendo La Pasión de Cristo. Sin embargo, fue un
filme muy elogiado.
¿Puede haber sanación en el
recuerdo de un acto violento? [arriba]
Muchas personas que han vivido estos eventos u
otros similares tales como la guerra de Vietnam, el ataque de Pearl
Harbor, Hiroshima, la guerra civil Española, etc. dicen encontrar
sanación al ver estas cintas. Muchos dijeron que ver la realidad
plasmada en el filme les había ayudado a enfrentar su pasado de una vez
por todas y sanar tan duros recuerdos.
Nosotros los nicaragüenses que hemos vivido una cruenta guerra civil
(1978-79) hemos experimentado una catarsis o purificación cada vez que
vemos una película sobre guerra, que leemos sobre ella, o que hablamos y
recordamos los hechos que vivimos. Otros somos la memoria de los que no
recuerdan. Algunos guardan todo en silencio. Otros lloramos y luego nos
sentimos un poco más aliviados.
Entonces me pregunto: ¿Qué puede hacer que la La Pasión de Cristo nos
escandalice tanto? ¿Acaso y con mucha más razón no puede también
ayudarnos a sanar heridas? ¿No estaremos actuando hipócritamente cuando
simplemente criticamos la violencia gráfica del filme? Es más fácil
refugiarnos en la crítica que descubrir el don de amor que Dios nos
quiere dar.
Yo recuerdo que mucho de mi proceso de sanación emocional comenzó con el
revivir las heridas de mi pasado de manera visceral en un retiro de
silencio, haciendo la oración encarnada al estilo de San Ignacio de
Loyola. La oración Ignaciana nos invita a entrar en los pasajes Bíblicos
con todos nuestros cinco sentidos y la imaginación activa. Es un modo de
oración muy eficaz para invitar al Jesús a venir a sanarnos en cada
encuentro.
Yo realmente espero que esta curiosidad instintiva de la que hablo nos
lleve a ver La Pasión de Cristo para encontrar en ella sanación interior
talvez inesperada. Después de todo, la película hace hincapié en esta
realidad. Su autor lo pone en claro al empezar la película con las
palabras del profeta Isaías que yo extiendo aquí para mi querida
audiencia:
“Despreciado y tenido como la basura de los hombres, hombre de dolores y
familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les
vuelve la cara, estaba despreciado y no hemos hecho caso de él. Sin
embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros
dolores los que le pesaban y nosotros lo creíamos azotado por Dios,
castigado y humillado. Fue tratado como culpable a causa de nuestras
rebeldías y aplastado por nuestros pecados. Él soportó el castigo que
nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados” (Isaías 53:3-5)
Segundo nivel: Curiosidad
intelectual o escrutinio estético [arriba]
El segundo nivel por el cual La Pasión atrae
espectadores, y me atrajo a mí particularmente, es el nivel intelectual,
y por lo tanto, muy analítico. Después de leer y orar con la Palabra de
Dios tantas veces esos pasajes pertinentes a la pasión de Cristo es
imposible no querer ver una representación vívida de ello. Uno quiere
comprobar si la imaginación no le engañó.
Después de leer datos científicos, espeluznantes y detallados del
martirio del crucificado en la Sábana Santa de Turín (http://www.sindone.org/es/welcome.htm;
http://www.aciprensa.com/sudario.htm ) despues de leer sobre el
milagro Eucarístico de Lanciano, del Sudario de Oviedo, las meditaciones
de Luisa Picaretta, la vida del Santo Padre Pío, y tantas otras cosas
más, inexplicables a la inteligencia humana, sentía una ansiedad inmensa
de saber si Mel Gibson iba a representar aquello que yo había leído
tantas veces sobre el extremo sufrimiento de nuestro Señor Jesucristo.
Realmente llegué a sentir temor de que mis expectativas fueran demasiado
altas para esta película. A veces sentí que estaba deseando ver más de
lo debido. Sentí temor de experimentar una curiosidad malsana.
Yo no voy a negar que fui al cine ansiosa de corroborar si la cinta era
congruente con los hechos plasmados en los evangelios o no. Otro punto
importante para mí era constatar por mí misma si la película iba a
despertar anti-semitismo o no. Fui con todas las otras películas de
Jesús en mi banco de memoria—Rey de Reyes, Jesus Superstar, Jesús de
Nazaret, La gran historia alguna vez contada, Jesus: Miniseries Epicas—y
era inevitable tratar de compararles mentalmente a medida que se iba
desarrollando La Pasión de Cristo frente a mis ojos absortos; sin
embargo, este intento fue inútil porque la película lo absorbe a uno de
tal manera que no queda espacio para nada más que verla a ella.
Por último, siendo una ávida observadora de los elementos artísticos en
la cinematografía, fui a comprobar si la película estaba hecha
estéticamente y si era digna de competir con la sección de la pasión en
Jesús de Nazaret de Franco Zefirelli, hasta entonces mi cinta favorita.
Puedo decir que La Pasión de Cristo llenó todas mis expectativas y
podría atreverme a decir además que las sobrepasó. La película fue
inspirada por el Espíritu Santo a través del libro que leyera Mel
Gibson: La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, libro sobre las
meditaciones de la pasión de Cristo de la Venerable Anne Catherine
Emmerich (http://www.enciclopediacatolica.com/e/emmerich.htm). Con eso,
Mel Gibson y el guionista Benedict Fitzgerald se dedicaron por 12 años a
tejer una concordancia entre los cuatro evangelios, utilizando muchas
otras lecturas pertinentes a la pasión de Cristo (http://www.aciprensa.com/reportajes/passion8.htm)
que les ayudara a expresar a través del cine todas las emociones vividas
en esas últimas 12 horas de vida de Jesús.
Es un trabajo con alma, vida, y corazón. Ha requerido mucha entraña de
parte de todo el elenco artístico y personal de producción para llevarla
acabo. Es obvio que Mel Gibson sufrió una gran transformación de vida en
el proceso de búsqueda que inició al verse a sí mismo un hombre de éxito
pero carente de propósito en la vida.
Si el intelectual va con la mente cerrada y simplemente para corroborar
su propia agenda, va en pos de una gran decepción. En cambio si va con
la mente abierta puede encontrarse con una gran sorpresa.
Debemos recordar que esta película está basada en los hechos relatados
en los cuatro evangelios de San Mateo, San Marcos, San Lucas, y San
Juan. Cada uno de ellos enfoca la pasión con una audiencia distinta en
mente. Debemos recordar que estos hechos son considerados verdaderos por
todos aquellos que profesamos la fe Cristiana; por lo tanto, esta
película va a despertar sentimientos encontrados en todos sus
espectadores, pero especialmente en aquellos que no profesan nuestra fe,
o aquellos que son católicos de domingo tradicional, o que son católicos
a su manera, o aquellos que son cristianos fanáticos que creen ser mejor
que otros y que no conocen absolutamente en nada la compasión
inconmensurable de Jesús y solamente saben juzgar y condenar, usando
irreverentemente la Palabra de Dios. Cristo, no cabe duda, es punto de
contradicción y nos lo dice abiertamente en su Palabra:
“¿Creen ustedes que yo vine para establecer la paz en la tierra? Les
digo que no, sino la división. En efecto, de ahora en adelante en una
casa de cinco personas, habrá división, tres contra dos y dos contra
tres; división de padre contra hijo y de hijo en contra de su padre, de
madre contra hija y de hija en contra de su madre, de suegra contra
nuera y de nuera en contra de su suegra.”( Lucas 12:51-53)
Son palabras fuertes y contradictorias, y si esta película se apega en
realidad a los evangelios, lo más lógico es que cause los mismos
sentimientos encontrados que él causó en todas las personas en el pasado.
Es lo más lógico que cause heridas a los orgullosos y sea respuesta
sanadora a los humildes de corazón que saben reconocer su necesidad de
perdón y redención. Entonces es lógico también que confunda o ciegue a
los inteligentes y le abra la mente a los sencillos. Intelectualmente,
es difícil creer que Dios Padre permitió la muerte inexorable de su
único Hijo por nosotros, hombres y mujeres indiferentes a su sacrificio
muchas veces. Solamente es posible entender y soportar la violencia de
esta película a nivel intelectual si se cree con fe total en la Palabra
de Dios. Creyendo en la palabra, uno encuentra una explicación clara de
lo que significa la Cruz en las palabras de San Pablo:
“Sépanlo: no me envió Cristo para bautizar, sino para proclamar el
Evangelio. ¡Y nada de discursos bonitos! De otra manera se desvirtuaría
la cruz de Cristo. El lenguaje de la cruz no deja de ser locura para los
que se pierden. En cambio, para los que somos salvados, es poder de Dios,
como dice la Escritura: Haré fallar la sabiduría de los sabios y echaré
abajo las razones de los entendidos. Sabios, filósofos, teóricos: ¡cómo
quedan! ¿Y la sabiduría de este mundo? Dios la dejó como loca.
En un primer tiempo habló Dios el lenguaje de la sabiduría, y el mundo
no reconoció a Dios con su sabiduría. A Dios, entonces, le pareció bien
salvar a los creyentes mediante la locura que predicamos.
Los judíos piden milagros y los griegos buscan un saber superior.
Mientras tanto, nosotros proclamamos un Mesías crucificado. Para los
judíos, ¡qué escándalo más grande! Y para los griegos, ¡qué locura! El,
sin embargo, es Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios para aquellos
que Dios ha llamado, sea de entre los judíos o de entre los griegos.
En efecto, la “locura” de Dios es más sabia que la sabiduría de los
hombres; y la “debilidad” de Dios es mucho más fuerte que la fuerza de
los hombres.” (I Corintios 1: 17-25)
La Pasión ciertamente no es un “discurso cinematográfico” muy bonito que
digamos. Definitivamente es una ilustración turtuosa de la prolongada
agonía de nuestro Señor. Muchas personas cristianas piensan que Jesús
debe de ser recordado y proclamado resurrecto y majestuoso. Llegan a
pensar que es hasta ofensivo ponerlo en un crucifijo, en vez de verlo
sentado en su trono de gloria. Talvez haya un poco de razón en ese
sentir, pero no podemos negar que nos mueve más a la conversión el
recordar su sacrificio de amor que imaginarlo como un juez terrible en
el juicio final. Sin embargo, no podemos quedarnos en el sentimentalismo
o la emoción extrema a la que nos lleva La Pasión de Cristo. También
estamos llamados a transformar nuestra vida amando, perdonando, y
sirviendo a los demás porque sí va a ver un juicio final. Y como decía
San Juan de la Cruz: “Al final de la vida nos juzgarán en el amor”.
Sala de proyección: Una
experiencia religiosa con todos los sentidos del cuerpo, de la memoria,
y del alma. [arriba]
Fui a ver la película el miércoles de ceniza
después de misa, a eso de la una de la tarde. Personalmente experimenté
en el cine un vaciamiento desbordado e incontrolable durante las escenas
más violentas de la película, como lo es, por ejemplo, la larga escena
de la flagelación. Son doce minutos en los cuales con cada golpe de los
esbirros romanos se sacudía todo mi interior y me hacía retorcer en el
asiento, mientras apretaba la mandíbula. Memorias de castigos propios
invadieron mi mente e inevitablemente mi cuerpo estaba tensionado
inconscientemente, como si esperara el golpe que Jesús estaba por
recibir. Mi esposo y yo teníamos las manos entrelazadas y aprisionadas
con una inmensa fuerza, como quien quisiera transmitirle fuerza a Cristo
para soportarlo todo, pero realmente era para transmitirnos fuerza a
nosotros mismos para poder mantener los ojos bien abiertos. Las lágrimas
corrían profusas, imparables en nuestras mejías. En medio del sonido
impresionante de la música y las burlas de los soldados parecía
escucharse en la sala el silencio aturdido de centenas de personas cuyos
corazones latían acelerados y donde todos parecíamos luchar por ahogar
los gritos desesperados que querían salirnos del pecho; sin embargo,
apenas eran gemidos y suspiros inaudibles. Había una tensión
indescriptible en el ambiente. En un momento de la flagelación, lo
pedazos de carne salen por el aire al ser desgarrados, de tal manera que
toda la audiencia parece ahogarse de la sorpresa, la impresión, y el
dolor. Hay un temor en el aire que pesa mucho y es el temor secreto de
perder el control y caer en histeria.
Luego de la flagelación viene la coronación de espinas, acto cruel y
humillante. Si uno lee con atención la palabras del evangelio de San
Mateo se da cuenta que aún la película de Mel Gibson se queda corta en
crueldad. Por ejemplo, la Palabra dice: “Los soldados romanos llevaron a
Jesús al palacio del gobernador y reunieron a toda la tropa en torno a
él. Le quitaron sus vestidos y le pusieron una capa de soldado de color
rojo. Después le colocaron en la cabeza una corona que habían trenzado
con espinas y en la mano derecha una caña. Doblaban la rodilla ante
Jesús y se burlaban de él diciéndole: “Viva el rey de los judíos” Le
escupían la cara, y quitándole la caña, le pegaban en la cabeza” (Mateo
27: 27-30).
En ese pasaje lo que me sorprende es que “reunieron la tropa”. Una tropa
oscila de entre 80 a 200 militares según mi diccionario(WBD). Puede ser
que una tropa romana fuera menos, talvez 30 militares, pero suponiendo
esos números, Jesús recibió innumerables golpes en la cabeza y en su
cara que debe haber estado bastante asquerosa por la sangre, el sudor, y
la saliva de los escupitazos, además de deformada por la inflamación de
tanto golpe proferido. Aun así, el odio con el que fue condenado a
muerte por la multitud congregada en el pretorio, fue implacable. A
pesar de estar él tan maltratado y bañado en sangre, temblando como una
hoja al viento, no hubo suficiente compasión por él y se prefirió la
libertad de Barrabás. Sin embargo, se le rompe a uno más el alma, de ver
a nuestra Madre María sufriendo profundamente en silencio en medio de la
turba enloquecida y mordaz. Llora uno como muchos de los que ahí estaban
a favor de Jesús, pero que permanecían impotentes ante tanta locura.
Lascera el corazón de la Madre viendo al hijo amado hecho un despojo de
carne viva. En medio de su dolor, ella oraba y, aun más, era capaz de
brindar consuelo a María Magdalena y a Juan. Todo el castigo de Jesús es
tan fuerte tan fuerte que le hace a uno sentirse metido en la película y
dan deseos inmensos de ponerse de pie y gritar igual que las piadosas
mujeres que rogaban: “¡Que alguien pare esto! ¡Es un Santo! ¡Alto por
favor!” Pero nadie escuchaba su clamor.
Yo pienso que a nivel intelectual va a ser un magnífico reto. La Pasión
de Cristo por cada uno de nosotros es desmesurada. Es un amor
incomprensible, un amor inexplicable, un amor inconmensurable, amor que
sobrepasa los límites confiables del corazón humano, pero es amor
verdadero. Calidad cinematográfica, imágenes, actuación, lenguaje,
realismo subjetivo. Por otro lado, es a este nivel intelectual en
que se aprecia la calidad cinematográfica de la película La Pasión de
Cristo. Con mis conocimientos limitados sobre cine podría decir que es
altamente fina, un trabajo extremadamente bien realizado. Es una obra
maestra elaborada con la meticulosidad de un perfeccionista. Todo
elemento del arte cinematográfico que hace “vivir” al espectador
intensamente y que le sacude brutalmente está incluido en este filme.
Todo detalle, toda actuación, todo movimiento, toda mirada desde lo más
sublime hasta lo más cruento está delicadamente estudiado y enfocado.
Sin embargo, la actuación es tan buena que fluye en todo. Por ilustrarlo
de alguna manera diría que la iluminación azul-oscuro y la niebla en la
noche del Getsemaní es tan tenebrosa como la “tristeza mortal” que
sintió Jesús (Marcos 14:34) al entrar en “agonía” (Lucas 22:43).
La vestimenta, el escenario, todo lo transporta a uno al pasado.
Ciertamente que Mel Gibson se toma libertades artísticas de
interpretación en algunas escenas e incluso añade ciertos diálogos y/o
comentarios que no están en las Sagradas Escrituras, pero que no
perjudican en nada a la fluidez y credibilidad del filme. Algunos de
estos diálogos o comentarios refuerzan caracteres, especialmente el de
nuestra Madre Santísima; por ejemplo, cuando ella ve a Jesús apresado
por los guardias del templo, ella exclama: “¡Ha comenzado! ¡Hágase su
voluntad!” Es un comentario lógico, ya que nuestra Madre sabe de
antemano como es la historia de salvación de la que ella es intrínseca
parte.
La actuación de Jim Caviziel como Jesús es impecable. No es un papel
protagónico fácil de interpretar. Jesús se percibe como hombre de
palabras tiernas pero firmes, de mirada amplia, limpia, intensa que
conquista e interpela. Este Jesús es interpretado con valentía y
convencimiento total sobre su destino como redentor. La única duda y
terror, la única tentación o debilidad de la carne fue vencida en
oración incesante en el Getsemaní: “Padre, si es posible, aleja de mí
esta copa. Sin embargo, que se cumpla no lo que yo quiero, sino lo que
quieres tú” (Mateo 26: 39).
El mismo actor ha revelado lo riguroso que fue la preparación física y
espiritual para realizar esta obra. Como buen católico se alimentaba de
la diaria Eucaristía, rezaba incesantemente el Rosario pidiéndole
asistencia a nuestra Madre para que le mostrase al Hijo y se valió de la
constante oración sencilla que repetía como una jaculatoria en los
momentos más difíciles de la interpretación, algo asi como: “Que la
gente te vea a ti mi Señor”. Según artículos que he leído en el Internet
y también en la página electrónica oficial, Caviziel sufrió una
dislocación del hombro izquierdo y asi le tocó cargar la cruz. Padeció
hipotermia un par de veces colgado de la cruz. Recibió unos cuantos
latigazos, pero no podían parar la filmación. Él realmente se entregó a
Jesús para que Jesús le usara como instrumento suyo. Por último, recibió
un rayo durante la escena del sermón del monte de cual salió ileso. Fue
tan buena su interpretación que hubieron comentarios de que gente
curiosa que se acercaban al set querían tocarlo como quien se viera
movido a “tocar” a Jesús mismo. Puedes leer su entrevista completa y más
en ACIPrensa en los siguientes enlaces:
http://www.aciprensa.com/reportajes/passion21.htm ;
http://www.aciprensa.com/reportajes/passion1.htm ;
http://www.aciprensa.com/reportajes/passion2.htm
La otra cosa fascinante y que también fue fuertemente criticada por los
medios de comunicación es que la película fuera filmada en dos lenguas
muertas: Arameo y Latín. Algunos eruditos dicen que se hablaba el Griego
no el Latín. Para mí este comentario no viene al caso y es un argumento
sin sustancia ya que no le quita al filme su fuerza interpretativa. El
uso de esos idiomas es simplemente un esfuerzo admirable y loable de
parte de todo el elenco de producción al tratar de elevar los niveles de
realismo de la película. Por último, es mi opinión personal, yo diría
que habría que ser un erudito en materia antropológica, histórica,
cultural, religiosa, lingüística y cinematográfica para encontrar
errores graves o intolerables en esta cinta. He leído bastantes
comentarios temerarios de personas que solamente van buscando lo malo,
lo humano, lo defectuoso. Eso siempre lo vamos a encontrar.
Por otro lado, el realismo es algo subjetivo en
cinematografía. El realismo se ve intensificado muchísimas veces por los
elementos de iluminación, color, velocidad, perspectiva, punto de vista,
sonidos, música, ambiente, efectos especiales de cámara, enfoque, lentes,
filtros, etcétera. Cuando digo intensificado o aumentado, no me refiero
a que es exagerado. Son dos cosas distintas en este contexto. Por
ejemplo, si yo tengo dificultad en observar alguna cosa a simple vista y
utilizo una lupa, no estoy exagerando, por decir así, aquello que ya
existe, que ya está ahí; yo diría que simplemente lo estoy observando en
mayor detalle al ser aumentado por el lente de la lupa. El aumento es
subjetivo entonces. La “imagen” aumentada no “existe” como tal;
solamente existe mientras sea vista a través del lente de la lupa.
Es muy conocido el dicho entre Americanos el que “la belleza está en el
que la contempla”. Talvez por eso todo el que mira La Pasión de Cristo
ve algo distinto y muchas veces contrario uno de otro. Para algunos la
película es una magnífica obra de arte. Para otros es un espectáculo feo
y barato de lo grotesco. Y para algunos, como yo, es el híbrido perfecto
de una historia paradójica donde la brutalidad del pecado representado
por una cruz convive con la sublime redención del hombre escarnecido y
clavado en ella. Donde el signo de muerte y vergüenza, se convierte en
signo de vida y orgullo para los cristianos.
Definitivamente que esta película nos lleva a experimentar viceralmente
la pasión de nuestro Señor. Pareciera que la meta de Gibson es
estremecer nuestras entrañas como se le estremecieron a él al contemplar
en su imaginación todo lo que Jesús sufrió para redimirnos del pecado.
La única manera de lograr estremecernos es poniendo una lupa a los
cuatro evangelios que hemos leído tantas veces ya, que hasta podríamos
haber perdido la pasión por nuestra fe.
Tercer nivel: no cabe duda
que el objetivo principal de la película es espiritual, es ganar almas
para Cristo Jesús nuestro Señor. [arriba]
La Pasión de Cristo es una película que nos
habla más claramente al nivel espiritual si es que realmente queremos “escuchar”.
Está hecha para hablarle a nuestro corazón de piedra y convertirlo en
uno de carne. Está elaborada para suscitar una conversión y una
transformación en la vida de quien vaya a verla. Esta película es
instrumento de Dios para llegar a nosotros y recordarnos el sentido de
la vida y el sentido del sufrimiento. A través de este filme, Dios nos
ayuda a renovar nuestra fe con el fuego de su amor sacrificado.
El que tiene objeciones por esta película, las tiene por razones muy
obvias de las cuales no soy ajena, pues las he vivido en carne propia.
Uno por naturaleza no quiere vivir bajo ningún orden, ninguna ley, o
ninguna regla impuesta por alguna institución religiosa; uno no desea
que nada ni nadie le diga como tiene que regir su vida; no desea
escuchar que sus acciones, que sus elecciones, o estilo de vida está
llena de pecado. Es por esta sencilla razón que uno prefiere creer en
otras cosas menos “locas” o menos “peligrosas”, “comprometedoras”, o
“exigentes” como es el evangelio de Cristo. Es más fácil creer en los
horóscopos, la adivinación, la nueva era, la santería, la brujería, la
magia, el ocultismo, lo raro, lo insólito, en el ateísmo, y hasta el
satanismo, que creer en las palabras de un hombre judío crucificado hace
más de dos mil años.
Es más fácil dar culto al materialismo y el consumismo que nos insta a
la gratificación inmediata que da la acumulación de bienes y el respeto
social asociado con ello, que creer en una vida entregada y desprendida
que ayuda a aliviar al hermano más necesitado. Es más fácil vivir para
nosotros mismos que vivir una vida gastada por los demás como una Teresa
de Calcuta, un Santo Padre Pío, o un Martin Luther King.
¿Por qué tanta queja sobre la violencia gráfica de La Pasión? ¿Acaso lo
que nos molesta es que toda su violencia es un reflejo de nuestra
realidad humana actual? ¿Cúal antisemitismo?
Yo no veo antisemitismo en la película. Para el cristiano de verdad no
puede existir tal cosa. Como se han cansado de decirlo todas las
personas envueltas en esta producción, el antisemitismo es un
sentimiento muy contrario al mensaje de la película. Es mi opinión
personal que para encontrar antisemitismo hay que ir con la mente
viciada y prejuiciada. La amenaza que sintieron algunos en el pasado y
no necesariamente todos judíos, las sentimos nosotros también. No nos
podemos esconder detrás de la máscara del anti-semitismo. Hay que asumir
responsabilidad por nuestro pecado individual.
Yo lo que veo claramente plasmadas en La Pasión de Cristo son todas
nuestras bajezas. Los males de ayer son los mismos de hoy; los pecados
de ayer son los mismos de hoy. Talvez el pecado de hoy sea peor porque
los medios de comunicación y la tecnología avanzada han logrado darnos
acceso a información dañina para nuestra alma como lo es la pornografía,
por ejemplo, que antes no podíamos obtener o accesar tan facilmente como
hoy.
Esas bajezas humanas ilustradas en La Pasión las vivimos y escuchamos
todos los días en los noticieros. Son bajezas las manipulaciones
políticas que llevan a planear robos, estafas, traición, y asesinatos;
las escuchamos en la demagogia descarada que promete lo imposible por un
voto; bajezas tales como el deseo de control ya sea por una institución
religiosa, relacional, ideológica, financiera, o gubernamental, y esta
última a veces llega a oprimir a todo un pueblo por mantenerse en el
poder a veces usando el miedo y extrema fuerza militar como lo hizo el
imperio romano; observamos bajezas tales como la volatilidad del ánimo
humano que un día vitorea a una persona y otro día la aplasta con
palabras y testimonios falsos.
Vemos en La Pasión bajezas actualizadas tales como el egoísmo o el miedo
a perder la vida. No, ni siquiera miedo a perder la vida como fuera el
caso de San Pedro y la mayoría de los apóstoles que después, gracias al
Espíritu Santo, tuvieron el valor para entregarla por Cristo. Sino más
bien un miedo ridículo a perder la estima de los demás, el status quo,
la posición social o laboral; miedo a perder lo que el “mundo” valora
como es el éxito económico y la inteligencia o alto conocimiento y que
muchas veces está lejos de un ideal honesto, justo, pacífico, de un
ideal cristiano; nuestras bajezas están presentes en la soberbia de los
orgullosos que creemos tener la razón en todo y tendemos a condenar, a
juzgar, y a criticar sin escuchar primero con compasión a todo aquel que
piensa distinto o cuya creencia religiosa es distinta. Estas no son mis
ideas personales. Jesús nos exhorta una y otra vez con gran vehemencia
con su vida y con su palabra a vivir todo lo contrario a lo que nos
insta el mundo; las siguientes palabras son dichas en una escena
retrospectiva en La Pasión de Cristo:
“Por el contrario, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin
esperar nada a cambio. Entonces la recompensa será grande y serán hijos
del Altísimo, que es bueno con los ingratos y los pecadores. Sean
compasivos, como es compasivo el Padre de ustedes. No juzguen y no serán
juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den, y se les dará; recibirán una medida bien llena, apretada y
rebosante; porque, con la medida que ustedes midan, serán medidos”
(Lucas 6:35-38)
Por el contrario, presenciamos en toda La Pasión de Cristo la ira y la
impaciencia que pega puñetazos, empuja, arrastra, patea, flagela, golpea,
abofetea, desgarra, humilla, arranca, desnuda; y al ver todo esto en
pantalla nos indigna, nos revuelve el estómago, olvidando—o talvez
recordando inconscientemente—nuestra propia ira e impaciencia que nos
lleva al castigo físico insoportable de nuestros propios hijos, nuestros
cónyuges, nuestros padres, nuestros pupilos, o nuestros empleados.
Nos repugna escuchar las palabras que salen de
la boca de una turba enardecida: “¡Crucifícalo!” “¡Crucifícalo!” “¡Crucifícalo!”
Talvez hay una gran verdad en aquel dicho que dice que aquello que más
detestamos es aquello que realmente nos esclaviza; por lo tanto, es
precisamente eso lo que nos hace sentir culpables cuando vemos ciertas
imágenes que le recuerdan inconscientemente a nuestra consciencia que
hemos pecado. Por nuestra cultura sabemos que no es raro que salgan de
nuestras propias bocas insultos vociferantes, producto de nuestra
impaciencia, reclamos absurdos por cosas tan irrelevantes como la comida
que no está lista, o no está caliente, o no es la que gusta a mi paladar,
o porque mi camisa favorita o mi blusa no está lavada y planchada.
Nuestras bajezas están ahí en ese abuso verbal, emocional, y físico;
están ahí retratadas en ese abuso de nuestra dignidad humana, en el
abuso de gente acorralada por el miedo, por complejos, por enfermedad, o
por la impotencia. Muchas veces nuestras víctimas son gente frágil como
son los niños, algunas mujeres, y ancianos o algunos “inválidos”, cuyo
apelativo es ya una ofensa solapada a veces que le quita su valor como
persona íntegra en la sociedad.
Somos capaces de actuar con la misma violencia de esa turba implacable
reflejada en el filme, los nicaragüeses, los salvadoreños, los
colombianos, los venezolanos, los cubanos, los haitianos, y toda nuestra
America Latina lo ha vivido. Somos capaces de actuar en contra de gente
que son de distinta clase social, de distinto color de piel, de distinta
descendencia étnica, o de distinta creencia.
Protagonizamos violencia verbal, con chistes vulgares, con burlas, con
sarcasmos o con actitudes farisaicas cuando nos referimos a aquellos
pecadores tales como son las prostitutas, los fornicadores que las
frecuentan, los alcohólicos, los drogadictos, los esposos y esposas
infieles, los pandilleros, los ladrones, los asesinos o gente
generalmente buena que tienen luchas a muerte con su confusa orientación
sexual.
Sí, La Pasión de Cristo apegada a los Evangelios nos echa en cara todo
eso y más. Refleja las acciones cobardes colectivas en la que individuos
lanzan piedras, pegan con palos y arrasan con todo lo que encuentran al
paso mientras se confunden en una turba y logran sus fechorías sin
asumir responsabilidades.
Hay un momento en la cinta cinematográfica en
que el camino del Via Crucis se vuelve insoportablemente lento y
exasperante por la demencia que parece apoderarse de todos. Unos gritan
en contra y otros a favor, y eso es algo que alcanza límites
intolerables para muchos en La Pasión de Cristo. En una escena, Jesús se
va de bruces y la pesada cruz le cae encima, literalmente “aplastándole”
como diría el profeta Isaías, aumentando su dolor mientras vomita sangre
de su boca. Él se cae muchas veces. Es duro de observar y aceptar como
real, pero lo glorioso está en su constante levantada
A veces pareciera que hubiésemos creado una ceguera inmensa o una coraza
durísima ante los hechos diarios de bajeza humana como son los actos del
terrorismo, de una guerrilla que no termina, de los asesinatos de
nuestros jóvenes en las escuelas, de las violaciones de nuestros niños,
de aquellos que se matan a machetazos todos los días.
“¿Soy acaso el guardián de
mi hermano?” Gen. 4:9 [arriba]
¡Ojalá y La Pasión de Cristo nos estremezca
profundamente y nos saque de nuestro letargo! Pues somos indiferentes
ante las necesidades de los menos privilegiados. Mientras nosotros
estamos bien nada ni nadie nos preocupa. Somos indiferentes al desempleo
de otros, al hambre y al frío de otros, a la falta de techo, a la falta
de libertad, a la falta de educación del otro.
Mientras nosotros y nuestros familiares y amigos tengamos salud no nos
preocupa un mundo de personas allá afuera sufriendo en hospitales
terribles enfermedades o sufriendo abandono, o soportando en su mísera
casa dolores indecibles porque no hay recursos económicos para atenderse
dignamente.
Ya sabemos que no hay fe que valga si no hay obras; ya sabemos que no
hay obras que valgan sin amor. Estamos llamados a amar a Dios en
nuestros hermanos, especialmente los más pequeños, los desprotegidos,
los menos privilegiados, los débiles, los solitarios, los desterrados,
los excluídos, los rechazados, los extranjeros y nuestros enemigos. ¡Que
difícil tarea! y, sin embargo, con Jesús y su gracia, no hay nada que no
podamos hacer. Nuestro mundo está lleno de heridas profundas y nuestro
mundo está lleno de pecados. Estamos siendo llamados a hacernos un
examen de consciencia. Estamos llamados a vivir en la luz de Cristo. La
consecuencia del pecado siempre será la muerte:
“No se engañen: nadie se burla de Dios. Se cosechará de lo que se
siembra. El que siembra para la carne, cosechará de la carne corrupción
y muerte. El que siembra para el espíritu, cosechará del Espíritu la
vida eterna”(Gálatas 6: 7-8).
En este mundo actual, somos esclavos de muchas cosas. Nos agobian las
ansiedades, el estrés, las depresiones, nuestros excesos, nuestros
vicios, nuestras iras, nuestras impaciencias, nuestros egoísmos, nuestra
envidia, nuestra codicia, nuestra pereza ilimitada, nuestros afectos
desordenados, y las co-dependencias; sin embargo, no queremos ver ni
aceptar en Dios la solución a nuestra esclavitud, cualquiera que ésta
sea.
Es obvio que La Pasión de Cristo es una película que habla más
claramente a ese tercer nivel espiritual. Toda esta locura, todo este
caos en que vivimos, y todo lo que sufrimos en el mundo necesita de un
REDENTOR. La pasión de nuestro Señor Jesucristo tiene ese sentido
liberador, sanador, y restaurador. La película, basada en la historia de
los Evangelios, simplemente muestra el amor de Dios por los hombres:
“Tanto amó Dios al mundo que entregó su Hijo Único, para que todo el que
crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no mandó a su
Hijo a este mundo para condenar al mundo, sino que por él ha de salvarse
el mundo….” (Juan 3:16-21).
Catolicismo: Sufrimiento,
Eucaristía, y nuestra Madre María [arriba]
Mis queridos amigos, he ido a ver esta película
tres veces con diferentes personas. Las personas que tenemos una
relación personal con Jesús nos sentimos extremadamente conmovidas,
transformadas, y con una fe profundamente renovada en el fuego del amor
sufriente de Cristo.
Los que creemos con fe en el Verbo encarnado salimos del cine con un
ardor inmenso en el corazón. Se siente un profundo agradecimiento por
ese amor entregado tan llanamente en el suplicio. Este agradecimiento es
mucho más poderoso que el engaño del demonio que es infundir
culpabilidad y remordimiento que alimentan nuestra soberbia escondida y
que nos pueden llevar al suicidio. Esta fue la triste razón de doble
muerte para Judas Iscariote. Este agradecimiento que sentimos nos lleva
a reconocer que somos pecadores y que necesitamos de la gracia de Dios
todos los días para poder caminar en santidad. El agradecimiento nos
lleva a desear comunicar la buena nueva de nuestra Redención por Cristo
nuestro Señor dondequiera que vayamos, usando todos los medios posibles.
Para los que somos Católicos, despues de ver La Pasión de Cristo nunca
más la Misa será igual, pues cada acto de nuestro rito ha vuelto a tener
un sentido más que profundo. Ya no podemos ir a la Eucaristía como un
acto de piedad religiosa. No puede ser una costumbre, no puede ser un
simple hábito, no puede ser simple tradición. La Eucaristía es Cristo en
cuerpo, sangre, alma, y divinidad verdadera, entregado por nosotros y
por nuestra salvación. Si antes creíamos que Jesús estaba presente en la
Eucaristía, ahora estamos más que convencidos pues en La Pasión de
Cristo su Palabra cobra una fuerza contundente que no hay manera de ver
la Eucaristía como algo simbólico. Jesús dice con gran insistencia en el
Evangelio:
“En verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre, y no
beben su sangre, no viven de verdad. El que come mi carne y bebe mi
sangre, vive de vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi
carne es comida verdadera y mi sangre es bebida verdadera. El que come
mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él” (Juan 6: 53-57).
Fueron palabras muy duras, muy difíciles de
entender, muy difíciles de aceptar para la gente de su tiempo como lo
siguen siendo para nosotros el día de hoy. Si hay algo que el católico
cree literalmente es en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. No
es un verdadero cristiano católico el que cree que la Eucaristía es
simbólica. Tristemente para nuestros hermanos cristianos de distinta
denominación no hay explicación que valga. Ni siquiera la misma que
procede de Cristo:
“Las palabras que les he dicho son espíritu y, por eso, dan vida. Pero
hay algunos de ustedes que no creen” (Juan 6: 63-64).
En una ocasión, la esposa de un pastor protestante alumna mía me dijo:
“Sara, dime en la cara que tú crees que Jesús está presente en un pedazo
de pan”. Al yo confirmarle mi fe, ella exclamó: “Pero Sara, una persona
tan inteligente como tú no puede creer eso. ¡Eso es imposible!” Yo me
sonreí, y tanto en esa ocasión como hoy, yo me adhiero a tan solo una
cosa que le dijo el ángel Gabriel a nuestra Santísima Madre María:
“Porque para Dios nada es imposible” (Lucas 1:38).
¡Alégrate, llena de gracia;
el Señor está contigo! (Lucas 12:8) [arriba]
Hablando de nuestra Madre María Santísima, Maia
Morgenstern, la actriz judeo-rumana le ha representado con el sentir
genuino de nuestro catecismo católico. Viendo La Pasión de Cristo, es
casi imposible no sentirse cerca del corazón de la Madre de Jesús.
Existe una conexión y una comunicación profunda entre nuestro Señor
Jesús y María Santísima que es sencillamente lógica a nivel humano y más
que esperada a nivel espiritual que ésta exista.
Ella sabe que su Hijo Jesús va a ser entregado. A María Santísima se le
reveló el misterio de la salvación desde que el ángel le visitó y le
pidió su consentimiento para darle espacio en su vientre—cual sagrario
digno del Hijo ante los ojos de Dios Padre. Ella le dio “sangre de su
sangre y huesos de sus huesos” (palabras pronunciadas al pie de la cruz
por el personaje de nuestra Madre María en la película). María, le cuidó
con esmero. Lo educó en los caminos del Señor con salmos y oraciones. Le
enseñó lo cotidiano de la vida. Se cuidaron y amaron el uno al otro aun
más al faltar San José.
El Sí de María es un sí absoluto que la lleva hasta el pie de la cruz de
su hijo con todo conocimiento y entrega. Simeón, inspirado por el
Espíritu Santo, alabó a Dios en el templo cuando José y María
presentaron a Jesús, y luego le dijo a ella:
“Mira, este niño debe ser causa tanto de caída como de resurrección para
la gente de Israel. Será puesto como una señal que muchos rechazarán. Y
a ti misma una espada te atravesará el alma. Pero en eso los hombres
mostrarán claramente lo que sienten en sus corazones” (Lucas 2:34-35).
Es por eso que en la película nuestra Madre es representada como mujer
completa, muy humana y a la vez capaz de sufrir en absoluto silencio y
oración el dolor intenso de presenciar la tortura y la agonía de su hijo.
No es María Santísima cualquier mujer. Dios Padre la formó especialmente
para esta misión y ¿de qué otro ser humano se puede decir que fue “llena
de Gracia”? Es por eso que nosotros creemos en su inmaculada concepción.
¿Acaso Jesús, nuestro Señor, no es digno de tener por Madre al mejor ser
humano que Dios pudo encontrar en la faz de la tierra? ¿Por qué
confundir nuestro profundo respeto y veneración con idolatría? Ella es
digna Virgen y Madre de nuestro Redentor y en La Pasión de Cristo su
relación con Jesús se siente profunda, genuina, e insondablemente tierna.
¿Qué madre que ha perdido un hijo no puede entender esta conexión tan
sublime entre Jesús y María? ¿Qué madre cristiana, tierna, y amorosa
desconoce la ternura de María Santísima por Jesús, su hijo querido,
nacido de sus entrañas, y entregado de común acuerdo con el Padre Santo
del Cielo para cumplir con la promesa de salvación de su pueblo?
¿Qué madre no contiene las lágrimas, consuela, y conforta al hijo
moribundo para darle fuerzas aunque ella esté destrozada por dentro,
mordiéndose el corazón y rogándole a Dios morir en lugar del hijo? En la
película, cuando Jesús está ya en la cruz, nuestra Madre se acerca y
dice entonces esas palabras estremecedoras: “¡Huesos de mis huesos,
carne de mi carne, déjame morir contigo!” Estas líneas son parte de esa
licencia artística de Mel Gibson, pero que a su vez respeta la teología.
Nuestra Madre María lo sabía todo. Ella no puede morir en lugar de su
hijo; simplemente sabe que lo más que puede aspirar es a morir con él.
Sin embargo, sabe también que tiene que cuidar de sus hijos espirituales.
María Santísima es “Madre y hermana legítima de Jesús” pues fue él quien
dijo:
“Porque todo el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi
hermana, y mi madre” (Mar. 3: 35).
¡Qué elogio más bello el que Jesús diera en esa ocasión a su Madre! En
otro hermoso pasaje vuelve a confirmar a su Madre después que una mujer
se emociona y grita a Jesús:
“¡Feliz la que te dio a luz y te amamantó!” Pero él declaró: “¡Felices
pues los que escuchan la palabra de Dios y la observan!” (Lucas 11:27).
¿Acaso nuestra Madre María no escuchó la Palabra de Dios a través del
ángel Gabriel? ¿Acaso no hizo la voluntad del Padre al concebir al
Redentor? ¿Acaso no queda esto fuertemente establecido cuando pronuncia
las palabras: “Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí lo que has
dicho” (Lucas 1:38)? Cuando Jesús la llama “Mujer” está simplemente
afirmando esa entereza y valor de nuestra Madre.
No me cabe duda que Maia Morgensten realizó un papel extraordinario al
darle vida al personaje de nuestra Santísima Madre. Leí un artículo
titulado “The Crucifixion was an R-rated event: Clergy Reactions to The
Passion of the Christ” (La crucifixión fue un evento restringido:
Reacciones del clérigo sobre La Pasión de Cristo). Este artículo
contiene unas entrevistas realizadas por Mark Moren y publicado en el
internet el 26 de febrero del 2004 en el portal cristiano “Cristianity
Today” (www.christianitytoday.com). Lo que encontré interesante en este
artículo es que tres de cinco pastores evangélicos reconocían
públicamente que la parte favorita de la película para ellos era la
imagen de nuestra Madre María. Uno de ellos, Jeff Ahlgrim—pastor
ejecutivo de la Heartland Community Church, de Normal, Illinois—dijo: “
El sub-trama de María, la experiencia de la madre de Jesús. Esas escenas
trajeron el sufrimiento de Cristo a un nivel humano muy real y muy
básico”.
Otro pastor, Mo Hodge—pastor mayor de la Bridge Community Church, de
Decatur, Indiana—dijo simplemente que le había gustado: “El desarrollo
de la conección de Jesús con su madre”.
Por último el pastor Steven Usry—Pastor General del Harvest Point UMC,
McDonough, Georgia—pronunció palabras muy vehementes al respecto y que
me tocaron mucho el corazón a mí. A Usry le gustó, “el uso de María,
madre de Jesús, por Mel Gibson. Yo se que Mel es católico y que María
significa algo grande para mucha gente católica, pero ella fue retratada
maravillosamente, y estuve cautivado durante la película por su
presencia. Me di cuenta que había hecho de lado a María demasiado en mis
puntos de vista teológicos, empujándole hasta el borde de la visibilidad.
En un esfuerzo inconsciente de ir en contra de la reverencia que muchos
católicos tienen por María, yo creo que los protestantes probablemente
fallamos en darle a María y su relación con Jesús la atención debida. A
medida que miraba la película y especialmente esas escenas con María y
Jesús, yo pensé, ‘Jesús debe haber amado a su madre muchísimo—y yo
debería amarle también!’ Ella fue una vasija usada por Dios, y ella
merece nuestra honra”.
Así pues que La Pasión de Cristo es punto de contradicción hasta entre
nuestros mismos hermanos cristianos porque también he leído comentarios
muy desagradables que no valen la pena mencionarlos por su arraigado
anti-catolicismo. El catecismo dogmático católico sobre la Eucaristía,
el sufrimiento, y María Santísima es muy preponderante en el filme, y el
católico practicante tiene un encuentro maravilloso con muchos
simbolismos que solamente como católicos entendemos en su profundidad y
significado.
Aquí es dónde vuelvo nuevamente a la propuesta que nos presenta esta
producción cinematográfica. Hay que tener muy en cuenta que si es fiel
al evangelio, es lógico que despierte grandes pasiones contrarias. Si es
inspirada por el Espíritu Santo, como lo cree su productor Mel Gibson y
todo el elenco artístico y todo el personal de trabajo, no va a haber
nada ni nadie que pare las transformaciones de corazón y de vida que
ésta película puede traer de manera masiva, independientemente de las
intenciones humanas de la carne, del mundo, o del diablo mismo.
Ha quedado muy en claro con La Pasión de Cristo que no hay resurrección
sin el sufrimiento; y de ahí que el católico consciente lleva un
crucifijo en homenaje a la entrega de Jesús en la cruz; el crucifijo es
un símbolo profundo que nos recuerda su entrega de amor en el
sufrimiento. Tristemente para muchos no es más que una joya o un adorno
para lucir en el cuello.
La sorpresa del momento:
Cuando uno busca el Reino de Dios, lo demás, en realidad, llega por
añadidura (Ref. Mateo 6:33) [arriba]
Hablando en términos mundanos, La Pasión de
Cristo ha batido récords de taquilla de manera impresionante en Estados
Unidos. Hasta el martes 16 de marzo había vendido 264 millones de
dólares. Un artículo que ví por el Internet después del fin de semana de
apertura leía: “El hombre araña y Matrix recargado vencen a Jesucristo”.
Me parece muy pobre comentario ya que su autor no se puso a pensar un
poquito antes de hacerlo.
La Pasión ha sido una película altamente recomendada para personas de 18
años en adelante por la violencia ilustrada en ella. Esto se ha
respetado más que nunca en Estados Unidos; por lo tanto, ni un solo niño
ha ido a ver la película (a menos que un padre o madre despistado o
negligente lo haya hecho, cometiendo una grave equivocación). Entre los
adolescentes por supuesto que ha habido mucha curiosidad, pero se supone
que no pueden ir a verla si no van acompañados por un adulto o con una
carta oficial de consentimiento firmada por los padres.
Es por esta sencilla razón que yo pienso que si esta película hubiese
sido apta para niños y adolescentes, hubiese batido los récords de venta
de taquilla de todos los tiempos. Es más, yo me atrevo a predecir que
después de este año La Pasión de Cristo va a sobrepasar en ventas de
taquilla a la película Titanic que vendió un total de 600 millones de
dólares en todo el mundo y mantiene el récord de más ventas hasta este
momento en toda la historia del cine. Aunque Mel Gibson tenga muchos
detractores en los medios o en el mismo Hollywood, pienso que su filme
merece varias nominaciones a los premios Oscar®.
Nuestra Latinoamérica posee una fe más viva—siento eso en mi corazón, —y
esta película va a ser muy bien recibida por nuestro pueblo sufrido. Va
a traer esperanza y paz interior a muchos que quieran recibir tales
dones. Muchos van a encontrar la sanación de sus heridas emocionales, y
muchos encontrarán la fortaleza para soportar sus dolencias y sus
enfermedades. Todo esto es posible porque La Pasión de Cristo es la
proclamación del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo a través de la
cinematografía. A mí en particular me animaron mucho las palabras de Mel
Gibson que decían algo así como: “Yo no soy predicador, no soy sacerdote,
no soy evangelista; yo soy cineasta y comunico mi fe a través de lo que
se hacer”. No me cabe duda de que esta película es una gran herramienta
de evangelización. Ojalá y todo el que la vaya a ver desee expresar su
fe con todos los dones que Dios le otorgó y que su entrega a Cristo de
frutos de alegría, de paz, y de amor.
Si La Pasión de Cristo es un fuerte signo de contradicción en nuestro
mundo de hoy, es simplemente porque le hace honor a su personaje
central: Jesús nuestro Señor
Espero mis hermanos que hayan podido llegar al final de este largo
artículo que más que un artículo es un relato de una vivencia fuerte de
mi fe a través de la meditación profunda a la que me llevó esta película.
Además, Dios me dio el don de escribir, el don de expresarme con
palabras, y es por eso que lo estoy poniendo a trabajar por su Reino.
Espero que este escrito sea una invitación vehemente a todos ustedes a
vivir La Pasión de Cristo y que al experimentarla sus vidas se vean
nuevamente transformadas, renovadas, y encendidas en el amor
infinitamente misericordioso de nuestro Señor Jesús. Les ama en ese amor
extremo de Cristo y en la ternura sublime de nuestra Madre María
Santísima,
Sara Torres.
“La pasión de Cristo: Signo de
contradicción” Escrito por Sara Torres Derechos reservados del autor.
Copyright ©2004 Published at
www.saratorres.com
Muchas gracias a ACIPrensa por proveer buenas fuentes de información
acerca de la película La Pasión de Cristo.
www.aciprensa.com
Citas:
Chiron, Ives. Padre Pío: El capuchino de los estigmas. Madrid: Arcaduz,
1999.
Solé S.J., Manuel. La Sábana Santa de Turín: Su autenticidad y
trascendencia. Bilbao:Mensajero, 34.
Derechos reservados del autor(a) Copyright ©2004
|
|
|
|
Nos vemos en la Eucaristía
(Single)

![]()
¡Adquiéralo ya!
1. AMOR INCOMPRENSIBLE
1. MARÍA
2. ¿DóNDE ESTáS?
![]()
3. ALABA ALMA MÍA
4. SOLO CONFÍO
5. NUEVA VIDA
6. OTRA VEZ
![]()
7. EL VIVE HOY
8. YO TE ALABO
9. 63
10. ¿HASTA CUANDO?
11. WHERE ARE YOU?
12. OTRA VEZ (Inst.)
![]()
2. TE NECESITO
3. FRIENDS FOREVER
4. TENTACIÓN
![]()
5. 139
6. ¿CÓMO OLVIDAR?
7. AHORA QUE ERES JOVEN
8. ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA?
9. ESTABA PENSANDO EN TÍ
![]()
10. 139TH
11. PERDÓNAME
12. DÍA ESPECIAL
13. YO TE ALABO
|
inicio:::::| quién es sara ::::|
blog :::::|
fotos :::::|
música
::::| conciertos s::::|
mis escritos
::::| oí, ví, leí
|